Así empiezan las guerras

VIGO

31 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Andan los pobres de Vigo con cierto punto de orgullo. Cierto que siguen durmiendo en la calle, que visten los mismos andrajos y se alimentan de las mismas caridades. Pero, de pronto, están a punto de desencadenar una guerra.

Helena, la mujer más bella del mundo, según Homero, desató la Guerra de Troya. La Primera Guerra Mundial, para desencadenarse, necesitó el asesinato en Sarajevo del Archiduque Francisco Fernando de Austria. Para iniciar la Segunda Guerra Mundial, Hitler envió a su elegante acorazado Schleswig-Holstein a bombardear el castillo de Danzig. Y Estados Unidos, para desencadenar la Guerra de Cuba, sacrificó a su acorazado Maine , con un atentado con bomba del que acusó a los españoles.

Una guerra de las de antes se empezaba con alguna disculpa solemne, donde participase un príncipe, un bellezón o el orgullo de alguna flota. En Vigo, la guerra va a venir por el albergue para los pobres. PSOE, PP y BNG llevan años tirándose los trastos a la cabeza con tan sencillo tema. En un espectáculo poco edificante, el albergue ha servido solo para alimentar continuos enfrentamientos. En el ínterin, han sido hallados en nuestras avenidas dos docenas de cadáveres de miserables, muertos por congelación.

El caso va camino de derivar en guerra. El BNG se queja de que el alcalde vete sus iniciativas. La última, en el barrio de Ribadavia. Ha retado a Caballero a que les retire sus competencias. El concejal de Urbanismo ha salido a protestar porque, en una foto, vio a Santi Domínguez en el parque de Navia. La concejala de Benestar, María Méndez, ha echado gasolina al fuego, comparando al grupo socialista con el camarote de los hermanos Marx, estupenda secuencia de la película Una noche en la Ópera .

Tanto fuego de distracción no logra disimular que el albergue sigue sin hacerse. Y que el invierno ya está ahí, con su lista de muertos. Tampoco oculta que la actuación del alcalde es indefendible: tras apoyar ante la Xunta el albergue en el barrio de Ribadavia, ha dado la enésima vuelta de tuerca al caso. Es un asunto de mera humanidad. Bajo sus cartones, en la calle, nunca soñaron los pobres con ser tan importantes.