El descanso de los muertos de Cuba

El 8 de junio de 1913 eran trasladados al mausoleo de la Cruz Roja en Pereiró los restos de los soldados fallecidos en Vigo en 1898 tras su regreso de la guerra en las Antillas


vigo/la voz.

Tropas de infantería, artillería, carabineros y Guardia Civil formaba en la entrada del cementerio de Pereiró el domingo 8 de junio de 1913, a las diez y media de la mañana. Era la fecha elegida para cerrar uno de los capítulos más tristes vividos por la ciudad en los últimos 150 años. Aquel día se verificaba la ceremonia de traslado de los restos mortales de los soldados repatriados de ultramar, fallecidos en Vigo en 1898. Aquellas cenizas descansarían en el mausoleo erigido por al Cruz Roja, que había sido inaugurado el 1 de noviembre de 1906.

Tras la derrota española en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en 1898, la ciudad de Vigo acogió a buena parte de las tropas repatriadas tras la firma del armisticio del 12 de agosto. Abordo de varios vapores, llegaron a la ría viguesa más de siete mil militares, en su gran mayoría, en unas condiciones físicas que conmovieron a todos los vigueses. Isla de Luzón , Villaverde , Cheribón , León XIII , San Francisco, Puerto Rico o Montevideo fueron algunos de los nombres de aquellos vapores que conformaron la «expedición de la muerte», en donde los heridos de guerra se mezclaban con los enfermos de paludismo, disentería y anemia.

Siempre Benéfica

Toda la ciudad se volcó en la ayuda a aquellas tropas, hasta el punto que la ciudad obtuvo del Gobierno el título de «Siempre Benéfica», que adorna el escudo actual. La Cruz Roja de Vigo, fundada en 1897, desempeñó un papel fundamental en la atención a los soldados. Tras una cuarentena en el lazareto de San Simón, los heridos pasaban a los hospitales vigueses, entre ellos un pabellón cedido a la institución internacional en el Hospital Municipal. No está muy claro el número de soldados que fallecieron en Vigo, aunque en la época se decía que ascendía a 148. Todos estos militares fueron enterrados, en tumbas individuales, en Pereiró. La Cruz Roja organizaba estos entierros, con la presencia del presidente local, Eugenio Domínguez, y varios socios de la organización benéfica. Una cruz de hierro recogía el nombre de cada soldado y su fecha de fallecimiento, así como una cruz roja en el centro.

Tan solo dos años después, en 1900, la Cruz Roja solicitaba al ayuntamiento un terreno en Pereiró para levantar un mausoleo dedicado a aquellos soldados. El encargo fue asumido por Julio González Pola, después de que se rechazase la propuesta de Jenaro de la Fuente por exceder el presupuesto. La Cruz Roja organizó una serie de eventos para recaudar los fondos necesarios. La licencia de obra fue concedida en noviembre de 1904 y el coste de la misma alcanzó las 12.600 pesetas. Su inauguración se produjo bajo una lluvia tan intensa que la Condesa de Torre-Cedeira solicitó que se acelerase la ceremonia porque «le dolía ver a los soldados presentes, calándose hasta los huesos». El monumento también contó con la participación del marmolista Juan Baliño Rivas. «La Cruz Roja de Vigo a los soldados repatriados de Cuba y Filipinas que fallecieron en esta ciudad. 1898», es la leyenda inscrita en el monumento.

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