La hoguera virtual

VIGO

26 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Los vecinos de Balaídos hicieron este año una hoguera virtual. Imposible conseguir permiso para una convencional, con sus correspondientes llamas, apostaron por festejar San Xoán con todo menos con fuego. Hubo vino, hubo sardinas, hubo pan, hubo queimada y hubo música. Pero la hoguera fue sustituida por un espectáculo alternativo carente de procesos exotérmicos de oxidación violenta de materiales combustibles. Sin que ardiese nada, para entendernos.

La idea es original, pero asusta. Porque la hoguera virtual, lejos de ser una ocurrencia, es probable que sea el futuro. Al paso que vamos, en pleno proceso de descafeinar el mundo, muy pronto, en San Xoán, nos mandarán la hoguera por el móvil. Y las sardinas. Y el pan. Y el vino. Los veremos, eso sí, en nuestra pantalla táctil. Y saltaremos las llamas en la videoconsola, gracias al juego «Wii-San Xoán Fitness».

En 2008, hubo en Vigo 20 hogueras autorizadas. El año pasado, la cifra descendió a 17. Y, esta semana, nos quedamos en 14. La función matemática nos lleva a que los fuegos de San Xoán se extinguirán por completo en 2015.

Hace poco más de una década, la ciudad era otra y la noche del 24 de junio ardían cientos de piras por todo el municipio. Muchas, se encendían en barrios y calles hoy impensables, como las inmediaciones de Camelias o Gran Vía, en Coia, en Teis o en A Florida. Vigo creció y el boom del ladrillo eliminó las últimas bolsas de suelo rural que salpicaban el centro urbano. Esa época no volverá nunca.

Tampoco ayudan las exigencias municipales, que hacen preceptiva la revisión por los bomberos de todas las piras, al menos 24 horas antes de la fiesta. Por no mencionar el obligatorio seguro de responsabilidad civil por valor de 150.000 euros, una póliza que no está al alcance de todos los bolsillos.

Tal vez sea correcta tanta prevención, pero a ello se suman prohibiciones poco inteligibles. Parece lógico vetar las hogueras de San Xoán en algunas playas. Pero no en todas. O Vao, Tombo do Gato o A Fonte, conservan todavía una riqueza natural que no merece ser arrasada por un botellón. Pero, ¿es Samil, ese arenal urbanizado y desnaturalizado, un bien a conservar? En A Coruña, por ejemplo, Riazor y Orzán son las dos playas urbanas donde se celebra la noche más larga del año. Y otro tanto ocurre en media Cataluña, donde se permite hacer hogueras en las playas urbanas, como comprobamos por el dramático accidente de Castelldefels. La prohibición, en Vigo, es de verdad excesiva.

Otro tanto puede decirse del veto a las hogueras en el casco urbano. Yo he pasado alguna Nit de Sant Joan en el barrio barcelonés de Gracia. Y allí hay fuegos en cada esquina, controlados, pero manteniendo la tradición. Así que comienzo a dudar si en Vigo no nos estamos pasando. Pueden llamarme bárbaro, atrasado, rancio. Pero me gustan las hogueras de San Xoán y no, no me conformo con verlas en un ipad.