La organización se las ingenia para apretarse el cinturón

La Voz

VIGO

22 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace prácticamente un mes el rali Rías Baixas corría riesgo de no celebrarse. La Escudería que preside Fernando Mouriño no se veía capaz de sacar adelante la prueba en un entorno de crisis que limitaba las aportaciones de esponsors particulares y de organismos oficiales. Incluso sus propios negocios se resentían ante la dedicación plena que exige una prueba de este calibre.

Al final, el plan de rescate articulado desde el propio Concello, desde la Diputación y la Xunta a través de su secretaría Xeral para o Deporte permitió salvar una de las señas de identidad deportivas de Vigo y de Galicia y la sinfonía de motores volverá a escucharse por el sur de la provincia de Pontevedra.

Más de 800 personas trabajando en la carretera, 70 kilómetros de cintas de seguridad y 4.000 estacas clavadas en las cunetas lo harán posible. Eso y el plan de ajuste presupuestario que ha tenido que aplicar la Escudería Rias Baixas para cubrir gastos. Desde cargarse el tramo de Samil, hasta ahorrar el 50% en fotocopias, o vender a dos euros chapas con el lema de «46 Rallye Rias Baixas, yo colaboro», todo vale para salvar el Rías. La referencia del automovilismo gallego.