«Vaya por delante mi satisfacción con la actividad de gimnasia rítmica y con el trabajo de las monitoras». Pablo Morell, el padre de Ander, quiere dejar claro que no tiene ningún problema con la actividad ni con el personal que la lleva a cabo.
«Alejandra acudió ya el curso pasado y Ander empezó este año. Por mi trabajo casi siempre llegamos unos minutos tarde, cuando las monitoras ya han bajado a los niños a la pista. Por este motivo lo habitual es que acompañe a Ander al bajar la escalera».
Eso hizo también el jueves, hasta que el conserje se lo prohibió. «Me quedé alucinado. Su cara sonriente me hizo sentir impotente; no supe que hacer. Dijo que él no lo bajaba y tampoco quiso avisar a las monitoras, por lo que lo cogí en brazos y me lo llevé. Alejandra bajó y Ander se quedó sin clase. En estas condiciones no sé que pasará la próxima semana». Pese a sus discurso tranquilo, Pablo Morell se pregunta si el conserje «tiene algún problema conmigo o con el síndrome de Down».
También acepta que es normal que se coloque una cuerda para que los padres no bajen a la pista y evitar aglomeraciones, «pero en este caso era yo solo el que estaba allí; ya habían bajado todos los niños y no creo que ayudar a descender la escalera a Ander hubiera supuesto problema alguno».
En el escrito que presentó en la mañana de ayer solicita que «se permita ayudar a los niños a bajar, bien el conserje, bien los padres o los monitores, previo aviso». Otra opción que plantea es la colocación de una barandilla para evitar el riesgo de un accidente. En O Berbés además de rítmica se imparten otras actividades como judo, baile o karate.