Benditas vacaciones

Laura Míguez

VIGO

El «Grand Voyager» regresa hoy al Puerto de Vigo tras el estreno del crucero con paradas en Lisboa, Tánger y Portimão

28 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El toque más exótico del viaje en el Grand Voyager viene de la mano de la visita a Tánger. Unos escasos kilómetros de frontera y otro mundo por descubrir. Difícil conocerlo con alguna excursión programada. El tiempo es oro: diez minutos para el cabo que separa Mediterráneo y Atlántico, diez minutos para la cueva de Hércules y cuarenta para la tienda bereber. La novatada incluye el espectáculo Fantasía. Unos minutos de danza del vientre, trucos de magia y volteretas, fotos a un euro con los camellos y un show equino: cuatro hombres a caballo con el mérito de portar un arma de fogueo que hace mucho ruido. Dejando de lado estas cuestiones, pasear por el zoco y las callejuelas de la ciudad es todo un placer

La ventaja del día de Tánger es, fundamentalmente, la posibilidad de disponer casi de una jornada completa para la visita. Hasta las siete de la tarde, hora local (dos menos que en España) se puede uno mezclar entre chilabas y cachimbas. Al mismo tiempo, es una excusa para aprovechar las compras y hacerse con un modelo blanco, apropiado para la noche de fiesta del mismo color. Todo un acontecimiento, como cualquier actividad del barco, para que el crucerista no se acuerde de la palabra aburrimiento. Aislarse del mundo no es muy complicado, la cobertura de telefonía se pierde en el océano y la señal de Internet, casi también.

Una visita al Algarve es siempre garantía de saborear el verano. Como pueblo costero tradicional, las ofertas de visita pasan, en su mayoría, por pisar los enormes arenales como la playa de la Rocha, en Portimão. Para que el crucerista no tenga que esforzarse mucho, los buses circulares que transitan por el casco urbano realizan una parada junto al buque. Por 1,30 euros es posible arrastrar el bañador y la toalla hasta alguno de los acantilados bañados por el Atlántico para disfrutar del buen tiempo que acompaña estos días. Pocas horas, de siete de la mañana a 13.00 horas, que se pueden completar con otra sesión de terraza y hamaca en la cubierta del hotel, daikiri en mano, por supuesto. Benditas vacaciones.