Buen tiempo

VIGO

Ha llegado el buen tiempo y, con él, los vigueses vuelven a las playas y los pobres, a los portales. El sol, y temperaturas por encima de los veinte grados, nos ha devuelto la estampa de la playa de Samil abarrotada, con los primeros valientes chapoteando en el agua. Además, la Policía Local ya ha ido corriendo a precintar los merenderos de los parques forestales, dentro de la ridícula política de impedir actividades al aire libre para evitar incendios. La primavera, por tanto, luce ya en todo su esplendor.

Sin embargo, es ésta una estampa diurna. Si fuésemos con una cámara por la noche veríamos también los efectos del buen tiempo sobre el paisaje urbano, en forma de ciudadanos harapientos que duermen de nuevo en portales y cajeros automáticos.

Porque, desde el pasado 1 de abril, la Concejalía de Bienestar Social ha decidido cerrar el albergue de emergencia instalado en O Berbés. La explicación, según consta en un cartel pegado a la verja, es que ha terminado ya la «temporada de frío». Así que los pobres ya pueden dormir tan ricamente en la calle, arropados con sus cartoncitos y confortados por los efluvios del vino en tretrabrick.

Por lo visto, la política municipal en este apartado se limita a que los miserables no mueran. A partir de ahí, su vida ya es cosa suya. Superada la fase cruda del invierno, con sus temperaturas polares, ya pueden nuestros transeúntes fallecer en bancos, parques, chamizos y portales.

Pero, si esta es la línea de actuación municipal, aun más asombrosa es la de la Xunta. El pasado otoño, la subdelegada Molares entregó a las Misioneras del Silencio un jugoso cheque a cambio de que acogiesen a mayor número de pobres. Y ya se pudo olvidar el asunto, tras este lavado de manos, que sería la envidia de Poncio Pilatos.

El edificio de La Gota de Leche, que iba a destinarse a albergue de pobres según el plan del gobierno anterior, sigue cerrado y vacío, salvo por la presencia ocasional de algunos ocupas. La Xunta prefiere que se caiga de viejo, y perder la inversión realizada, antes que darle alguna utilidad. Y si, por acaso, algún día tuviese que prestar algún servicio, éste nunca sería el de refugio para transeúntes, que para eso ya están las instituciones religiosas. No es tarea de nuestro finísimo gobierno autonómico el preocuparse de estas cosas.

Curiosamente, la Xunta presumía ayer de cifras sobre dar cobijo a personas transeúntes. Se refería, en este caso, a los peregrinos que van a Compostela. En total, en el primer trimestre de 2010, los albergues han sumado 13.893 pernoctaciones. La cifra queda muy lejos de las alegres previsiones sobre número de visitantes, pero siguen demostrando que Galicia es una potencia en albergues. Pero no para pobres.

Los miserables es mejor que duerman en los portales. Si les dan una concha de vieira, igual les sirven para engordar las estadísticas del Xacobeo.