Los vigueses no aprovecharon sus ocasiones y se perdieron en un juego horizontal insulso
04 abr 2010 . Actualizado a las 02:21 h.Batacazo inesperado e inoportuno. Cuando menos se esperaba el Celta volvió a las andadas. Indultó primero a un moribundo Real Unión, al que no pudo marcar ni en superioridad numérica y acabó perdiendo de penalti. Un resultado adverso que lo devuelve a la realidad. La ilusión del ascenso no es para este curso. Lo suyo es asegurar una permanencia que vuelve a estar amenazada después de ceder ante el peor visitante de la Liga. Los celestes vuelven a estar a cuatro puntos del corte.
Y eso que todo se puso a favor de los vigueses, que dominaron a placer a un endeble rival durante la primera media hora de partido. Pero ese monólogo no estuvo demasiado acompañado de ocasiones, aunque López Garai y Danilo lo tuvieron todo a favor para marcar. El brasileño fue la novedad en el once. Eusebio no siguió la pauta de dar continuidad a lo que funciona y terminó pagándolo quemando un cambio a la media hora.
Porque ayer ni el técnico ni el equipo estuvieron afortunados. Se asemejaron mucho a su peor versión. Como habían hecho decenas de veces en la última época, dejaron revivir a su rival y el Real Unión incluso se atrevió a avisar antes del descanso al forzar Gorka Brit una falta en la frontal que Maric sacó con maestría para poner a prueba el momento de Falcón.
Fue un canto de sirena, porque los irrundarras todavía se acantonaron más en el segundo tiempo. Cedieron el balón y se dedicaron a dejar pasar los minutos. Trashorras, Papadopoulos, Danilo y hasta Roberto Lago fueron dilapidando las ocasiones de un modo clamoroso. Daba igual que la zaga blanca hiciese concesiones, ellos no aprovecharon ni una.
La inoperancia llegó hasta la desesperación cuando a la hora de partidos los guipuzcoanos se quedaron con uno menos, pero incluso en superioridad los celestes fueron igual de horizontales y blandos. Tenían que jugar con una marcha más y darle profundidaz al juego y lo único que hicieron fue moverse a ritmo de paso de Semana Santa. Un chollo para una defensa tan limitada como bien colocada.
A falta de diez minutos el Celta decidió inmolarse. Lejos de marcar puso en bandeja su cuello para que el penúltimo de la fila le hiciese los seis puntos este curso. El Real Unión sacó petróleo de su único disparo de todo el segundo tiempo. En una de sus contadas contras el recién entrado Hugo Mallo hizo penalti a Goikoetxea después de que le ganase la espalda a todos los defensas y Eneko Romo no tuvo clemencia desde los once metros y engañó a Falcón.
Aunque quedaba tiempo por delante el Celta no fue capaz de crear una sola ocasión de peligro. Si durante todo el partido pecó de ritmo pausado, con el marcador en contra fue un manojo de nervios. Tanto que fue el cuadro vasco quien a la contra estuvo más cerca del segundo. No hacía falta, el Celta ya había firmado su sentencia. La tranquilidad tendrá que esperar y de nuevo toca la batalla por la superviviencia. La ilusión duró una semana.