Santiago Bernabéu presumía de no hacer caso a lo que decían los entrenadores en las ruedas de prensa, finalizados los partidos: «Cuando ganan, aunque sea por casualidad, siempre resaltan el buen hacer de su equipo, y cuando pierden intentan justificarse quejándose del árbitro, en ocasiones, y lamentándose de las bajas por lesiones... Culparán siempre a la falta de suerte en el momento de intentar el gol ante la portería contraria».
Ayer recordé al que fue carismático presidente madridista, al leer los periódicos, y escuchando en la radio, las explicaciones de Lotina tras la derrota, derrota que a los 67 minutos de partido parecía inminente, hasta el punto de que en la transmisión televisiva del partido, el comentarista anticipó: «Onésimo puede ganar hoy su primer partido con el Valladolid». Volviendo a Lotina, se lamentó con razón, que «a pesar de sacar muchos delanteros no hicimos ocasiones». Este es el eterno problema tantas veces comentado aquí (y generalmente silenciado) porque ayudan los goles marcados por hombres de medio campo, defensas, o goles que llegan en remates a balón parado. Goles que, al fin y a la postre, vinieron siendo suficientes para ganar o empatar otros partidos y mantener al Deportivo en puestos europeos, a la vez que tapaban la ineficacia permanente de los artilleros que maneja Lotina.
Terminaré con una frase muy repetida en el fútbol, escuchada tras sufrir una derrota como la de anteayer: «Lo mejor, ahora, es jugar pronto otro partido, y ganarlo». Más pronto, imposible, mañana, en Gijón.