Un precedente del Plan Palacios

En marzo de 1929, la ciudad se movilizó para realizar una exposición internacional de la pesca y Gómez Román elaboró un proyecto que podría haber cambiado su futuro


Todo giraba en torno a la realización en Vigo de una exposición internacional de la pesca, prevista para el año 1935. Desde finales de 1928, las fuerzas vivas de la ciudad se movilizaron para crear un proyecto que fuese atractivo para el Gobierno, entonces en mano del dictador Miguel Primo de Rivera.

No era el primer intento de protagonizar un evento de tal magnitud, no en vano, la economía de la ciudad estaba volcada en la pesca. Los precedentes datan de 1893 y de 1908, aunque no llegaron tan lejos como el que se produce en vísperas de la gran crisis económica del siglo XX. La iniciativa fue impulsada desde la Cámara de Comercio, presidida entonces por Tomás Mirambell, quien logra en noviembre de 1928 que todas las instituciones locales y provinciales se sumen al proyecto. La idea era realizar la exposición en 1935, año en el que estaría concluido el relleno de O Areal. Algún sector vigués proponía el monte de O Castro como ubicación del recinto ferial, al modo de lo que había hecho Barcelona con Montjuich en su proyecto de exposición de 1929. Se ideaba la feria viguesa como complemento a las de Barcelona y Sevilla, pero sería una mala estrategia porque las dos ferias fueron un fracaso económico, provocando a la postre que el gobierno de Primo de Rivera retirase su apoyo al proyecto vigués.

En diciembre de 1928 se constituye un comité provisional, en el que estará Manuel Gómez Román. El arquitecto ya tendrá ultimado, en febrero de 1929, un anteproyecto en el que colaboró inicial Eduardo Cabello, ingeniero jefe de la Junta de Obras del Puerto. El proyecto no solo estaba concebido para la celebración efímera de la exposición sino que preveía la permanencia de los edificios que serviría de pabellones y la ordenación urbanística del espacio situado entre la actual alameda y el monte de A Guía. El asunto no era una cuestión menor. Había sido presupuestado en 42 millones de pesetas, de las que esperaban que el 50% procediese del Estado a fondo perdido.

Solo buenas palabras

A comienzos de marzo, una comisión viguesa recorre los ministerios del Gobierno con el proyecto bajo el brazo. Manuel Gómez Román no se cansa de mostrar sus planos al ministro de Fomento, al de la Gobernación y el 8 de marzo al propio Primo de Rivera. «Nadie puede disputar su primacía a Vigo para celebrar este certamen», dijo el dictador, y prometió estudiar el tema antes de llevarlo al consejo de ministros.

A partir de ahí, el tema se pierde lentamente hasta que el 15 de agosto, Primo de Rivera visita la ciudad de Vigo y muestra escaso interés por apoyar tal proyecto, dando a entender que debería ser Vigo quien afrontase totalmente el presupuesto de 42 millones de pesetas. Ahí se murió el asunto, no sin provocar un enfrentamiento entre Gómez Román y el alcalde Viondi.

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Un precedente del Plan Palacios