Los hosteleros de Churruca denuncian acoso policial a sus locales. Según afirman, la Policía Local les ha tomado cariño y se presenta cada noche a comprobar que se cumple el horario de cierre. Por lo visto, el número de sanciones en este barrio multiplica al de otras zonas de copas.
La primera parte del asunto no admite objeciones. Los hosteleros están obligados a cumplir un horario y la policía ha de velar por ello. Otra cosa sea que se discrimine a una zona frente a otra. Y que los pubs de Areal, por ejemplo, no reciban el mismo trato. Si existe discriminación, es justo quejarse.
Sabido es que, en el imaginario local, Churruca es la zona rockera y canalla, mientras Areal es la pija y popera. Si la peluquería fuese un síntoma, diremos que es difícil ver unas «rastas» en los locales de la Alameda y que no hay demasiada gomina en los de Rogelio Abalde. Culturalmente, también se diferencian porque en Churruca suena música y en Areal, hits. Los precios de las copas se han ido igualando y, como última diferencia, diremos que camareros y camareras de Areal parecen modelos. Y, los de Churruca, no. Y ahí lo dejamos.
Por lo demás, son lugares tan legítimos y profesionales los unos como los otros. Y, en materia de ordenanzas, han de cumplirlas por igual. Por lo que no sería admisible que la Policía, a instancias del concejal del ramo, fuese más permisiva con unos que con otros.
Lo malo de Churruca es que no le ayuda su fama rockera y canalla. Algunos rancios la imaginan como una zona donde se perpetran más maldades. Cuando es un lugar tan tranquilo como cualquier otro. A menudo, con menos tensiones y conflictos que Areal. Mientras se respeten los horarios y el descanso de los vecinos, todo perfecto. Y esto sirve para uno y otro caso.
A los que sienten prevenciones con Churruca habrá que recordarles que aquí se gestaron grandes hitos de nuestra historia local. Aquí estuvieron templos de la movida como El Manco, el Ruralex, el Punto, el Betonwerk o La Trinchera. Y aquí, aun hoy, brillan locales como La Casa de Arriba, con sus conciertos acústicos que han dado a conocer a tantos grupos. Como el Vademecum, auténtica meca de la música electrónica. Y, sobre todos, La Iguana.
El próximo diciembre, La Iguana Club cumplirá 20 años. Y no exagero si, dentro de un mes, el pub merece que se le nombre «Vigués distinguido». En dos décadas, es increíble la lista de grandes grupos que han pasado por su pequeño escenario. Y su camiseta y su logo son un símbolo en toda España, donde es una de las referencias de Vigo. Por supuesto, a nadie se le ocurrirá proponerlos para el galardón. Que se tienen bien ganado. Y es que, en materia de cultura, los políticos tienen tendencia a aliarse con lo rancio.