El Dépor recuperó la solvencia defensiva y salió airoso de La Rosaleda, donde las cosas se le pusieron feísimas en el minuto 38, cuando el árbitro mandó a la ducha a Pablo Álvarez. A los malagueños, que jugaron peor en superioridad, les la falta de imaginación y el hormigón blanquiazul.
Tullido como tiene el equipo, continúa Lotina dándole al bombo en busca de un once solvente. Ayer colocó a Manuel Pablo en su lugar natural a costa de situar a Laure contra natura en el otro costado, a Adrián lo retrasó hasta el carril izquierdo, ubicó a Pablo Álvarez como enganche y a Bodipo en punta. Un mecano que mostró más consistencia que el armado en el anterior partido. Claro que enfrente no estaba el Madrid, sino el Málaga. Tampoco es poca cosa, pues solo ha perdido uno de sus doce últimos partidos, y fue en el Bernabéu.
Los de Muñiz comparecían con la notable baja en defensa del central Weligton, relevado por el serbio Stepanov. Este y su compañero Iván González formarían una gran pareja de porteros de discoteca, dado su porte XXL, pero como dúo de centrales de fútbol imponen menos, especialmente el tal González, que lució una lentitud y un maltrato al balón que el Dépor no supo aprovechar. Pero como es capaz de liarla él solo, generó la ocasión más clara del equipo coruñés en la primera mitad, cuando despejó con efecto hacia su portería y Stepanov la rescató en la raya (min 25).
No satisfecho, Iván González también cometió un penalti, pero Mateu Lahoz convirtió su presunta infracción a Pablo Álvarez en la segunda amarilla del asturiano, dejando al Dépor con uno menos a falta de 52 minutos. Cierto que Pablo había opositado a la roja en la acción anterior por elevar sus tacos hasta la cara de Stepanov, pero también que al árbitro se le fue la mano con la compensación. Lotina llegó caliente al túnel de vestuarios y fue expulsado.
Hasta la roja, el partido había sido un tiovivo. El Dépor sufrió con la tercera línea del Málaga, desde la que Duda y Benachour irrumpieron para probar los reflejos de Aranzubia. También generaron peligro las llegadas desde la línea de pivotes de Fernando, que acumuló tres ocasiones ante el marcaje visual de Antonio Tomás. El conjunto de Lotina, que replicaba al 4-2-3-1 del Málaga con su clásico 4-2-2-1-1, sufría por el centro, pese a que las cabalgadas del lateral Mtiliga por la izquierda eran jaleadas por la grada con entusiasmo. Achicaba agua en defensa, pero en ataque apenas generaba más inquietud que la provocada por Juan Rodríguez con sus remates y sus centros.
Con el Dépor en inferioridad y reorganizado con el mismo dibujo pero sin mediapunta, Muñiz retiró a un interior para colocar un segundo delantero, Obinna. El equipo ya dirigido por Ribera intuía un segundo acto tormentoso, pero no fue así. Muy bien colocado, con las líneas muy juntas, selló muy bien las bandas y en el centro del área exhibió su superioridad en el juego aéreo, gracias a la solvencia de Lopo, Colotto y Juan Rodríguez, que echó una cabeza. Logró así contener al rival, que no supo cómo ni por dónde meter el cuchillo. Maduró en exceso la jugada, que es algo temible si eres el Barça, pero si eres el Málaga y te demoras en el ataque dejas al rival que se coloque.
Así que el Dépor no necesitó siquiera resistir un acoso, pues no lo hubo. A los blanquiazules solo le inquietaron con disparos lejanos y centros a la olla. La mejor ocasión de un Málaga que acabó sacando toda su artillería la tuvo Duda, que remató al palo al inicio de la segunda mitad (min 52). El andaluz, por cierto, es el equipo de Primera que más veces se ha encontrado con la madera. Tan controlada vio la situación el equipo coruñés que hasta se lanzó a la contra y rondó el gol, que pudo llegar en un disparo cruzado de un hiperactivo Riki (min 84).