Dice el alcalde de A Coruña que lo que diga el alcalde de Vigo le importa «un bledo». Y hay que darle la enhorabuena. Entre «hijoputas» y «bledos», los políticos por fin están adaptando su lenguaje a la imagen que les adorna. Un idiolecto zafio y barriobajero define a la perfección a muchos de nuestros próceres.

Lo extraño del caso es que, en ciudad que presume de finura, como la hermana herculina, el regidor se conduzca con estas expresiones, que nos recuerdan tiempos en que se deseaban al Sur picajosas plagas de aradores de la sarna.

En este caso, sin embargo, Losada echa un capote al alcalde de Vigo, a quien nada conviene más que recibir desprecios, si estos vienen de la vecina del Norte. Si el prócer de María Pita se animase a insultarle, haría un éxito de la manifestación del martes y casi le entregaría en bandeja la mayoría absoluta. Así que no se descarta que el exabrupto no sea una campaña del PSdeG, con miras a las municipales.

Siguiendo esta línea, y ante la crispación general con el asunto de las cajas, podrían dar los políticos un paso más, y organizar veladas pugilísticas, y aun peleas en el barro, en las que el pueblo, ya hoy asombrado con el espectáculo, podría recrearse haciendo apuestas. El dinero recaudado se enviaría a Haití, país que carece de problemas importantes, al no contar con cajas de ahorro para fusionarse. Una «fila cero» de estos combates podría dedicarse también a los parados, sector en franco crecimiento que sigue con entusiasmo el debate político y mediático del ni SIP ni FROB.

El bledo, además, es un síntoma de los tiempos. Puede mencionársele, pero la mayoría no sabe lo que es. Así ocurre también con las cajas, donde la confusión informativa es tan grande que todo el mundo tiene algo que decir, pero nadie entiende nada. Informes, contrainformes, auditorías, noticias, declaraciones, recursos, decretos, impugnaciones? El maremágnum del caso supera todo lo imaginable. Y, no sé si el amable lector, pero este servidor ha superado ya el más alto umbral de tolerancia sobre el tema. Me aburre, como mínimo.

Así que, como de cajas no sé, ni se me informa, voy a hablar del bledo. Para que los políticos lo usen con tino. El bledo, o Quenopodium Album, es una planta de la familia de las "Amaranthaceae", que crece por doquier en toda Europa. Cualquier tierra le es propicia y fácilmente se constituye en plaga. Su tallo es rastrero, dicho sin connotación peyorativa, sino sólo porque se arrastra por el suelo, vencido por el peso de sus hojas.

Considerado una «mala hierba», desde tiempos inmemoriales los agricultores han luchado contra el bledo, que tiene por costumbre meterse en el medio de cultivos donde nadie le llama. En su favor, diremos que sus hojas, en infusión, tienen virtudes diuréticas y laxantes. Así que recomendamos vivamente su consumo a todas aquellas personas, y en especial políticos, que estos días tengan problemas de digestión.