Balaídos recupera su esplendor

La Voz

VIGO

29 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El celtismo regresó de la longa noite de pedra por un día. Se ilusionó con su equipo y llenó Balaídos en busca de una fecha para la historia. Todo fue una fiesta, menos el incidente en los prolegómenos del encuentro y en las calles próximas al campo provocados por el Frente Atlético.

A más de uno le costó dormir. Por la mañana, las colas se estiraban en la taquilla. Los rezagados, los que llegaban de fuera y los que decidieron apuntarse a última hora sumaban legión. A mediodía, la grada de Río Alto decía basta. Solo los fondos permitían acoger a más aficionados. Balaídos prometía esconder todo el cemento que le sobra. Las gargantas cocían algo grande al compás de una fila torpe.

Las calles de Vigo palparon desde el amanecer que era un día importante. La camiseta celeste planchada de la noche anterior, la bufanda enroscada al cuello para combatir el frío. El chándal oficial como vestuario no habitual en el puesto de trabajo. Un continuo ir y venir de nervios. De mirar al reloj para descontar el tiempo que faltaba. De fantasear con una noche de gloria una vez que el balón se moviera. El celtismo necesitaba una dosis de orgullo. Y volvió a demostrar, de forma espontánea, que tiene hambre tras demasiado pan duro.

Dos horas antes del partido, el tráfico engullía la ciudad. Todos los caminos, y todos los coches, conducían al estadio, convertido en un punto de luz y esperanza.

A diferencia de la Liga, las gradas cobraron vida con hora y media de antelación. Era el día de las familias (pese a la hora y sin la convocatoria de la conferencia episcopal). Pero también era el día de los bocatas para amortiguar la tensa espera.

De Gea fue el encargado de probar los decibelios de Balaídos. El joven meta colchonero salió a calentar y se llevó la primera bronca de los aficionados. Y eso que todavía eran pocos y minutos antes habían comprobado el saludo fraternal de los jugadores celestes que mataban el tiempo a ras de cancha.

El estadio fue monocolor con 27.200 aficionados locales. Celeste como estaba cantado con un bote rojiblanco del Frente Atlético -menos de un centenar- que llegó al campo fuertemente custodiado por la policía. Antes habían protagonizado un duro altercado con aficionados celestes donde se habían registrado heridos según testigos.

Durante el partido no cesaron de animar. Estuvieron con el equipo de principio a fin. Cumplieron su cometido. Volvieron a revivir.