El Ciudad de Vigo se comió al tiburón

Juan Villar

VIGO

El colista se comió al líder. Nadie podía suponer que el Ciudad de Vigo, con solo cuatro victorias en 19 partidos fuese a conseguir su quinto triunfo precisamente frente al Melilla, conjunto que la próxima campaña podría militar en la liga ACB.

Pero así fue. Un equipo que está pasando por enormes vicisitudes, con una plantilla que lleva meses sin cobrar, y que en muchos momento del partido vio como el rival abría brecha en el marcador, fue capaz de sacar lo mejor de sí mismo para remontarle al mejor equipo de la categoría hasta la fecha y acabar ganando de forma contundente ante una afición entregada.

Y eso que el arranque no fue prometedor. En los cinco primeros minutos del partido los vigueses solamente habían anotado tres puntos, un triple de Suku que fue lo único que hizo en el partido.

La primera pequeña brecha que abrieron los melillenses fue de cinco puntos (3-8). Pero los locales, lejos de venirse abajo, se levantaron por primera vez en el partido gracias a un parcial de 6-0 que les situó por primera en ventaja.

Los vigueses solucionaron sus problemas ofensivos a base de triples, y así con esas diez canastas de tres puntos que anotaron (cinco de ellas de un impresionante Galarreta), consiguieron compensar su nefasto porcentaje en los tiros de dos.

El comienzo del segundo cuarto fue de nuevo nefasto para los de Povea. El Melilla alcanzó su máxima renta hasta ese momento, de ocho puntos (14-22). Fue en ese momento cuando Galarreta asumió la responsabilidad ofensiva con un recital de canastas que acabarían convirtiéndole en el máximo anotador del encuentro (25 puntos).

Solá asumió la conducción en lugar de un Pope que no estaba teniendo una buena actuación. De nuevo el Vigo volvió a ponerse por delante (27-26).

Y la historia se repitió tras el descanso. Arranque frío del Ciudad de Vigo y de nuevo los visitantes alcanzaban su máxima ventaja, esta vez de once puntos (28-39). A estas alturas de partido parecía impensable que el desenlace fuese el que más tarde se produciría. Povea pidió un tiempo muerto para echarle la bronca a los suyos y a partir de ahí llegó la gran remontada, encabezada de nuevo por Galarreta que a los cuatro minutos de este tercer cuarto conseguía la primera canasta de los vigueses.

A base de triples se metieron de nuevo en el partido y llegaron vivos al llegaron vivos al cuarto definitivo (45-46). Esta vez los locales aprendieron de errores pasados y empezaron muy enchufados. Sometieron al Melilla a una defensa asfixiante, dominaron el rebote, y con un quinteto más dinámico al sentar Povea a Williams, que no había tenido un buen día, el Kics empezó a subirse a la parra del líder.

Pope entró a cinco minutos del final y revolucionó el partido convirtiendo los ocho últimos puntos vigueses.