Sacar al Facuca del fondo de la dársena fue una tarea compleja. Fueron necesarias dos grúas, un buzo, dos embarcaciones pequeñas y otro pesquero. Tras subir a tierra el aparejo, destrozado, las grúas levantaron el pesquero, escorado a babor. Al comprobar que los daños no eran tan graves como se había supuesto inicialmente, se optó por enderezarlo para dejarlo flotando en el mar. Para ello hubo que volver a hundirlo, a fin de cambiar la posición de la cinta. Una vez arriba, desde dos embarcaciones se achicó el agua con motobombas de la cofradía.
El patrón había dejado el barco amarrado en la zona más sensible del puerto sobre las doce de la noche, en el muelle propiedad de Costas que fue construido en 1982. A las dos de la madrugada, el viento roló al noroeste, que entra por la boca de la ría. Durante un cuarto de hora se produjeron ráfagas que algún marinero no dudo en afirmar que podrían haber rondado los 200 kilómetros por hora. El Facuca se golpeó una y otra vez contra una escalera que sobresale de las ruedas de defensa colgadas en el muelle. La borda quedó destrozada. Una docena de marineros contemplaban, sin poder hacer nada, como se golpeaba el barco.
Se trata de una embarcación que ya se había hundido hace poco más de un año, cuando estaba amarrada en la ETEA, en Vigo, tras ser confiscada por transportar droga, lo que llevó al marido de la actual armadora a la cárcel.