Tras dos victorias consecutivas, el Celta se encontró como local con varios de los problemas que le persiguen en esta campaña
11 oct 2009 . Actualizado a las 12:34 h.Las buenas sensaciones siguen pero sin resultados no bastan. El Celta no es capaz de ganar en su campo y lo sigue pagando con ocupar posiciones de descenso tras siete jornadas.
La banda de Aspas
El regreso de Joselu constituía, a priori, una buena noticia para su equipo. Sin embargo, esto obligaba a un reajuste que se va a tener que producir en muchas ocasiones con el desplazamiento de Iago Aspas a la banda izquierda. El de Moaña, al estilo Mostovoi cuando le requerían para esa posición, tiende a obviar sus obligaciones en esa demarcación, y a buscar el centro. En repetidas ocasiones ha denunciado que se encuentra más cómodo en el medio, y ayer terminó por intercambiar, durante casi todo el partido, su posición con Joselu. A pesar de esta liberación, su calidad, es imprescindible para su equipo, y a los goles se remite.
Las paradas de Falcón
El de ayer era un partido de motivaciones para muchos jugadores de uno y otro equipo. Notario, como el expulsado de Vigo, Sales como el accionista cabreado, Trashorras o todos los canteranos celestes en el papel de los repudiados por Pepe Murcia, pero el que se salió fue Ismael Falcón, como el suplente al que el técnico cordobés no dio ninguna opción. Además lo hizo al estilo Notario, con la parada de un penalti incluida.
El mosqueo de Trashorras
Al de Rábade no le gusta nunca que le sustituyan. Los balones que salen de sus botas suelen llevar mucho peligro pero cuando se queda sin fuelle, sus técnicos tiemblan. Esto fue lo que provocó que ayer le sustituyese Michu, y el Celta buscase algo de equilibrio en su balance cuando más lo necesitaba. El problema es cuando esto es lo que se busca y se encuentra con el empate del rival.
Una solución tardía
Por muchas razones, Aarón debía tener bastantes minutos ayer. Porque venía de hacer un gran Mundial sub-20, porque Joselu o Aspas se pierden en la banda, y porque el celtismo tiene plena fe en sus posibilidades -para ejemplo los aplausos que arrancó cuando le llaman para salir al campo-. No fue así porque el marcador sonrió a su equipo muy pronto, y Eusebio no se arriesgó a querer matarlo.