Todavía se ve en los rostros de los trabajadores el sufrimiento pasado durante la tarde del lunes. En la calle Julián Estévez hay dos establecimientos de suministros. En uno de ellos, Gambuza, uno de los trabajadores nada más ser preguntado por cómo lo habían pasado exclamó: «Non mo recordes». Amparo, que trabaja en el entresuelo, en administración, relata lo sucedido: «Empezó pasadas las cinco y media, pero hasta cerca de las nueve no se fue el agua». Tal era la fuerza de la corriente «que metió los contenedores que ves ahí dentro de la nave». Los desperfectos provocados no fueron muchos, a pesar de que el agua alcanzó medio metro de altura. «Tenemos un frigorífico bastante grande pero creemos que no ha sido afectado». Amparo responsabiliza al Concello «porque no limpia las alcantarillas, el otro día me cayeron las llaves por una de ellas al salir del coche y al intentar cogerlas estaban encima de un montón de hojas».
En esa calle el nivel de agua subió tanto que dejó a los coches «cruzados en la calle», según relata Andrés, otro vecino. En la misma zona tiene su almacén Áncora. «Los que vivimos aquí ya nos temíamos que algo así podía suceder y aparcamos los coches más allá». Quien habla así es Patricia, que trabaja en esta empresa. «A pesar de mover los coches el agua subió tanto que nos entró unos centímetros». Llamaron a la policía local «y nos recomendaron que diésemos parte al seguro, que podía reclamar al concello para indemnizarnos». En la calle «el agua llegaba a la cintura, no me explico como la gente metía el coche por la calle, tal y como estaba».
Amparo vive un poco más adelante. «Estoy muy enfadada con el Concello porque no avisó de la piscina. Si hubiese sabido que iba a poner una piscina en la calle, hubiese preparado el bañador».
Mirando ao mar es una cafetería que esta al final de la calle. Luis es su propietario. «A auga entrou, claro». En su bar alcanzó una altura de unos 12 centímetros. «O único que non funciona e a máquina tragaperras». Luis echa la culpa de lo sucedido a que los colectores «non teñen a capacidade que tiñan que ter».
Rosendo trabaja en el puerto. No es de la misma opinión: «Eu creo que esto pasou porque non limpan os desagües». Cuenta su odisea «increíble a cantidade de auga que había por Beiramar, un pouco despois de Barreras, a partir do bar da Rubia hasta a gasolinera». Un poco más adelante «na rotonda da calle Coruña a xente se descalzaba para cruzar».