27 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.
Lo que ayer aconteció en el casco vello de Vigo es un ejemplo paradigmático de lo que sucede con el botellón. El concello blindó la plaza del Berbés para disuadir a los chavales que, sin despeinarse, se desplazaron apenas unos metros a Teófilo Llorente para consumar un rito que los socializa como jóvenes. Con medidas solo policiales lo único que se consigue es fomentar la migración del fenómeno, que seguirá existiendo por muchos agentes que se desplieguen.