El virtuoso que acapara los goles

La Voz SALAMANCA |

VIGO

Tres partidos oficiales, cuatro goles. Todos los que lleva anotado el Celta hasta el momento. Eso ha significado el pase copero y el primer punto de la temporada y todo eso lo ha hecho Roberto Trashorras emulando al gallego de Rábade que encandiló en Las Palmas hace tres de temporadas (2006/07) en donde había conseguido finalizar la temporada con ocho goles.

A nadie como a Trashorras le ha sentado tan bien el verano. Se fue emitiendo dudas, siendo un jugador intermitente y sin un puesto definido en el equipo. Incluso con su rol protagonista en entredicho. Se fue de vacaciones pidiendo autocrítica y ha regresado como un hombre nuevo.

El chairego ha vuelto para vivir el arranque más excelso jamás soñado. Reparte asistencias de todos los colores, se adapta tanto a la media punta como a cualquier arista del trivote, es generoso en el esfuerzo y ve puerta con una facilidad inusitada y en todas las especialidades. Ayer en Salamanca marcó de falta para desempolvar las telarañas de la escuadra de Biel Ribas. Antes había marcado de penalti, de un zapatazo desde la frontal y en una colocación sutil. Solo le queda anotar de cabeza.

Y eso que su currículum goleador en el fútbol profesional tan solo tuvo el pico del Las Palmas. Sus ocho goles de aquel curso parecen una rara excepción en su hoja de ruta, ya que a lo largo de toda su carrera suma 19 (un promedio de 0,14 por envite) y en Vigo el curso pasado se había quedado en tres. En parte porque tenía que discutir con Ghilas por tirar los penaltis.

Pero el Trashorras de esta primera semana de competición oficial no es solo goles, sino juego y carácter. Él es la bandera que ha cambiado la mentalidad perdedora del Celta en un equipo que siempre se sobrepone a las adversidades. El Numancia marcó primero en Balaídos, y el chairego apareció para empatar (luego llegó el 1-2) y poner en orden el juego de un equipo un tanto apagado.

El Real Unión se aprovechó de un rebote para adelantarse nada más comenzar el partido de Copa del Rey, y suya fue la respuesta para voltear el marcador.

Ayer acaparó todos los focos del partido de principio a fin. Comenzó con un par de disparos, siguió con una falta ajustada y en medio le dio un par de balones a Dani Abalo con marchamo de gol. Uno de ellos era tan claro que no acabó en diana porque Saulo, que partía de un fuera de juego, se cruzó entre la portería y el arousano.

En el segundo acto, tras encajar el gol, ni un reproche pese a la pájara colectiva. Cogió el balón y a jugar. A base de combinaciones que partían de sus botas el Celta fue encerrando en su área al Salamanca hasta que llegó la falta que acabó metiendo por toda la escuadra. A reglón seguido sirvió un par de balones con criterio a la olla que no encontraron rematador.

Su única pifia ante los charros, y quizás en lo que va de Liga, fue una pérdida de balón en campo propio que le costó la tarjeta a Noguerol. Todo lo demás lo hizo bien.

Faltan las victorias

La única lástima es que el Celta no traduzca en victorias la mejor versión de un hombre que llegó a Vigo como pieza angular del proyecto del curso pasado y que ha resurgido con fuerza cuando pocos se lo esperaban.

Gran parte del éxito que ayer auguró Oliva, el técnico del Salamanca a quien en la previa preocupaba y mucho el chairego, a los celestes residirá en el tiempo que le dure el increíble pico de forma que atraviesa el diez celeste. ?Para él también supone toda una reválida. Lo tenía todo para convertirse en un jugador cotizado en la máxima categoría y ya suma 109 partidos, casi ininterrumpidos, en la categoría de plata. A sus 28 años el tren del Celta, con quien le unen dos años más de contrato, es el tren de Trashorras. Quizás uno de los últimos para ambos que puede tener como destino la élite.