O Gorxal no revive de sus cenizas

VIGO

Hoy se cumple un año del incendio que puso a Vigo varias horas al borde de un desastre sin precedentes al arder una nave que albergaba empresas sin licencia junto a dos gasolineras. El lugar continúa en ruinas

07 sep 2009 . Actualizado a las 12:07 h.

En la madrugada del cinco al seis de septiembre del 2008 un incendio fortuito destruía una macronave de miles de metros cuadrados ubicada junto al barrio de O Gorxal. La falta de vigilancia hizo que el fuego tardara en descubrirse; cuando finalmente llegaron los bomberos, constataron la existencia de materiales peligrosos en algunas de las empresas que funcionaban sin licencia o incumpliéndola. En esas circunstancias, los bomberos y el resto del equipo de emergencia puesto en marcha por el Concello y la Xunta dieron una lección de eficacia que permitió dejar en un gran susto lo que podía haber sido la peor catástrofe de la ciudad.

El dispositivo de emergencia y los bomberos supieron muy pronto que la noche iba a ser larga. Dentro de la nave había productos químicos mientras a tiro de piedra convivían con la peligrosa nave una gigantesca imprenta, con material susceptible de arder con facilidad, y un barrio humilde con un centenar de viviendas.

Y lo peor de todo. La nave se encontraba a unos pocos metros de la autovía Vigo-O Porriño justo en el lugar en cuyas dos margenes se encuentran sendas gasolineras. Para multiplicar el riesgo, en caso de que el fuego hubiera afectado a las estaciones de servicio, a no mucha distancias se ubican los gigantescos depósitos de combustible que abastecen a la ciudad.

Gasolineras cercanas

Con este panorama, como no podía ser de otro modo, la movilización fue inmediata. El barrio fue desalojado, todos los efectivos disponibles lucharon contra el fuego y se cortó la autovía. Con los bomberos colaboraron personal del Concello y de las concesionarias para abastecerlos de agua con camiones cisterna. Finalmente, personal de la Xunta y de otras empresas públicas empezaron a luchar contra la contaminación.

De la decena de empresas con sede en la nave solo una tenía licencia de actividad... pero la incumplía. Allí se almacenaban lejías y jabones que, arrastrados por el agua de los bomberos, llegaron a un regato próximo, de allí al Lagares y finalmente a la playa de Samil. Una vez apagado el fuego se construyó una zanja perimetral y una balsa para evitar que las lejías extendiesen la contaminación.

Doce meses después todo ello es un recuerdo que el tiempo va borrando, aunque las ruinas de la nave hacen que tampoco pueda olvidarse del todo.