Actualmente en Vigo existe una farola por cada siete habitantes. El dato fue revelado ayer por los técnicos municipales durante la visita del alcalde, Abel Caballero, al centro de telecontrol del Concello despacho a partir del cual se puede monitorizar en tiempo real el alumbrado, el saneamiento y el abastecimiento público.
Según el departamento municipal de Electromecánicos, esas 45.000 farolas están distribuidas en cerca de 300 tipos. «Hay distintas potencias, lámparas y aspectos», explican los técnicos. Y cada una tiene sus propios valores de consumo. «Según el tipo de farola se puede ahorrar hasta un 50% de energía», comentaba ayer un funcionario del departamento de Electromecánicos.
El alumbrado público se controla desde el centro de telecontrol que tiene instalado en la terraza una fotocelula que permite la autorregulación del alumbrado. Los técnicos cuentan que la cartografía de Vigo está dividida en tres zonas: la cerrada, que se refiere a espacios que por sus características necesitan de más iluminación, la intermedia y la zona abierta, de la que hace parte, por ejemplo, la playa de Samil. A partir de esta clasificación es posible realizar periódicamente una posta a punto del encendido y apagado del alumbrado público, adecuando este a las horas del amanecer y ocaso y actuando en la reprogramación de los relojes solares. «Cuando el día está más nublado las farolas se encienden automáticamente antes del anochecer», aclararon los funcionarios.
La información en tiempo real sobre el estado del alumbrado público vigués llega al centro a través de tres antenas distribuidas por la ciudad que controlan los 800 cuadros de mando existentes en Vigo.
Según los últimos datos disponibles, el año pasado la ciudad registró un gasto total de 4.649.992 euros en alumbrado público. Este coste incluye el alumbrado exterior, interior de los edificios de titularidad municipal y también el gasto nocturno de algunos edificios particulares.
Al dividir esta cifra por el número de habitantes de la ciudad, se concluye que en el 2008 el gasto por habitante fue de 15 euros anuales, una cifra relativamente baja si se compara con otros ayuntamientos como el de Salceda, en el que el coste por residente llega a los 35 euros.
El ahorro energético
Una de las técnicas de ahorro energético que lleva a cabo el Concello es la «disminución del nivel lumínico» durante la noche. Los funcionarios de centro de telecontrol explican que «durante la madrugada se baja el nivel lumínico de las farolas y por la mañana se vuelve a subir la potencia de las lámparas». Los técnicos defienden que este cambio, aunque casi nadie lo perciba, permite un gran ahorro energético.
El consumo también depende del tipo de lámpara utilizado. La luz blanca, que ahorra más energía, es utilizada principalmente en las calles comerciales, mientras que la lámpara que emite luz amarilla se usa en calles residenciales. La elección de la lámpara depende del perfil de la calle. En Urzaiz, por ejemplo, las farolas emiten luz blanca, mientras que en la calle Venezuela la iluminación se hace a través de luz amarilla.