El submarino de Sanjurjo Badía

Un día antes de que se firmase el armisticio con Estados Unidos, el industrial probó una boya torpedera que había inventado para proteger la ría de una invasión yanqui


A última hora de la mañana emergió un artilugio de las profundidades de la poza de Guixar, saliendo de su interior un sexagenario sonriente, tocado con una boina y luciendo una graciosa pajarita en su alzacuello. Del interior de aquella extraña nave, sacó dos banderitas, una de Vigo y otra de España, en la que se podía leer: Por España. Era el 11 de agosto de 1898 y el intrépido pionero del submarinismo se llamaba Antonio Sanjurjo Badía.

El conocido industrial, propietario de la fundición La Industriosa, había demostrado aquel día la navegabilidad de su boya lanzatorpedos, un invento que construyó en tan solo dos meses en las instalaciones de su fábrica de Guixar.

La premura en la construcción del artefacto estuvo marcada por los acontecimientos internacionales que se desarrollaban entonces en los últimos territorios españoles de ultramar. La guerra con los Estados Unidos se había declarado el 24 de abril de aquel mismo trágico año de 1898 y, desde hacía algún tiempo, se barajaba la posibilidad de que Vigo, entre otros puertos españoles, fuesen objetivo de la armada norteamericana.

Pánico en la población

La angustia estaba presente en la población viguesa, que leía en los periódicos todos los días una serie de rumores que apuntaban hacia un hipotético bombardeo de la ciudad, protagonizado por los marinos norteamericanos. Esta situación, unida a las obras de fortalecimiento de las defensas de la ría, llevó a que muchos vigueses decidieran trasladarse a localidades del interior. «Los trenes que salen de Vigo siguen arrastrando gente de aquella ciudad para diferentes pueblos de la provincia. En Redondela, Tuy y Porriño es grande la afluencia de forasteros estos días. No hay una sola casa desalquilada», escribía el corresponsal vigués de El Diario de Pontevedra el 20 de julio.

Desde el hundimiento del Maine en La Habana, y tras la euforia inicial, el temor había ido creciendo en Vigo y, paralelamente, las autoridades habían iniciado una serie de pequeñas acciones para proteger mínimamente la ría. Zapadores del Ejercito reforzaron las baterías de A Guía, O Castro, Alcabre y Balea, en Cangas. Y la Cruz Roja, creada en Vigo un año antes, dividía la ciudad en siete sectores, en los cuales había elegido centros de asistencias a los heridos.

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