Gaviotas abatidas a tiros

VIGO

Un francotirador de aves marinas siembra la alarma en el casco vello tras caer un cadáver tiroteado en la puerta de un local

01 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La sangre salpica uno de los barriles de madera de roble que flanquean la puerta de A Curuxa. Un reguero rojo se escurre entre la carta de platos del establecimiento, entre los que no figura la sangre encebollada -típica de otras latitudes- sino una moderna cocina gallega de autor. En medio de la pechuga, una gaviota patiamarilla presenta un impacto de un proyectil de pequeño tamaño.

El animal ha caído abatido a tiros desde un tejado cercano en la calle de los Cesteiros. A esa hora, las diez menos cuarto de la noche, el casco vello hierve. El Festival Festiclown anima aún más las concurridas terrazas.

Los veraneantes que se arraciman en torno a un barril para degustar las tapas contemplan con horror como el ave abatida se ha precipitado sobre el letrero del restaurante y se ha desplomado exánime sobre el pavimento de granito reluciente.

«Imagínate que hubiese caído sobre la gente», relata Ana Cielo Fayo, empleada de A Curuxa al rememorar lo sucedido el pasado domingo al anochecer.

La camarera dice que «no es normal utilizar una escopeta de balines para ir matando gaviotas». «A mí no me gustan las gaviotas pero pegarles tiros resulta peligroso», afirma otro vecino. «Parecía que había ocurrido una pelea, de tanta sangre que había en el suelo», comenta un transeúnte.

Más casos

Tras el suceso, los vecinos llamaron a la policía y a la protectora de animales para que se hiciesen cargo del animal muerto. «Pero no vinieron», asegura Ana Cielo Fayo. Ante las circunstancias «la metimos en una bolsa de basura y la tiramos al contenedor. No podíamos hacer otra cosa».

Otro hostelero de la zona asegura que «no es la primera vez que matan aves a tiros en esta zona». Algunos incluso tienen sus sospechas sobre quien puede ser el presunto Harry el Sucio que ha protagonizado esta historia, una versión gore del viejo filme Los pájaros de Alfred Hitchcock. Pero no se atreven a dar nombres.

En varias ocasiones los hosteleros de la zona histórica se han quejado de los daños infligidos por las aves que destrozan cristalerías y se abalanzan, antes de que los camareros puedan evitarlo, sobre los restos de comida que los comensales abandonan sobre las mesas.

A pesar de que las cifras oficiales indican que las gaviotas proliferan, lo cierto es que después del tiro al pichón parece que las patiamarillas no han vuelto a dejarse ver por el entorno de la plaza de la Constitución. Ayer al mediodía la única ave que surcaba el cielo era una paloma torcaz, mientras las campanas de la concatedral tañían. Quizá era un réquiem.