«No hay un alma, es un desastre»

Míriam Vázquez Fraga Noa R. Rey

VIGO

Las malas condiciones climatológicas se unen este verano a la ya de por sí nociva crisis económica

28 jul 2009 . Actualizado a las 10:32 h.

Si este verano ya prometía menos de lo habitual para los comerciantes vigueses por la crisis económica, el mal tiempo de las últimas semanas no ha venido sino a empeorar su situación. «Esto está demasiado tranquilo, llevamos aquí años, y con tanta lluvia se nota diferencia incluso respecto al verano pasado en que ya había crisis», comenta Pablo Triquell, propietario del bazar Tesoros. Además, los pocos que se animan a entrar en las tiendas no lo tienen tan claro a la hora de comprar. «Seleccionan mucho, miran, pero si no es barato lo vuelven a dejar», se queja Triquell.

«No hay un alma, esto es un desastre», confirma José Pérez, propietario del hostal La colegiata con disgusto. «Esta quincena y la primera de agosto son siempre las más fuertes y esto está casi vacío. Además, los que vienen se quedan una noche, dos como mucho», explica.

En la misma línea opina José Rodríguez a las puertas de su Bazar Guay. «En esta escalera en pleno mes de julio no se podía andar, ahora hay cada vez menos gente», cuenta. «Vienen sobre todo los emigrantes gallegos que tienen familia aquí, pero muy pocos turistas. La gente que busca sol va al sur», relata.

Pero pese a que la inestabilidad del tiempo en lo que llevamos de verano es innegable, hay comerciantes que opinan que se tiende a exagerar. «Anuncian demasiada lluvia y luego no siempre es para tanto, eso nos perjudica mucho», comenta Mari Carmen Domínguez, relaciones públicas del restaurante Rías Gallegas. «Esta siendo un verano nefasto, con la lluvia y el viento que hace el número de turistas es limitado», dice Duniesky Sabucedo, camarero del restaurante Bogavante. A su lado, su compañera Yaiza Graña intenta ver el lado positivo. «Yo estoy empezando y así hay poco trabajo, está bien para aprender», señala.

Algunos ponen sus esperanzas en el mes de agosto, otros se resignan. «Hay que relajarse y tomarlo con calma, es difícil saber lo que pasará el mes que viene», mantiene José Carlos Cerqueiro desde su puesto de ostras en la Piedra. De lo que no hay duda, según el camarero Daniel Gugusian, es de que «cuando está malo aquí no hay nadie».