Keane se enamoró de Castrelos

El grupo inglés ofreció un concierto cargado de energía y el líder de la banda, Tom Chaplin, prometió que volverán a Vigo en cuanto tengan oportunidad


Ya puede estar contento el teniente de Alcalde con el cantante de Keane, que quiso acercarse a Galicia en gallego, empezó el concierto preguntando «¿Como estades?» y terminó dando «graciñas». Tom Chaplin sí que se merecía la carísima gaita que, no se sabe aún muy bien porqué, el edil le regaló el año pasado a Lenny Kravitz con el dinero de todos los vigueses. El líder de la banda británica -que ya por la tarde disfrutó del parque jugando al rugby mientras llegaba la hora del recital- se contagió con el entusiasmo del público desde la primera canción, y ese feedback no hizo más que crecer y retroalimentarse a lo largo del frenético concierto que abrió las Fiestas de Vigo a lo grande.

El auditorio de Castrelos se llenó hasta la bandera, tanto en la zona de pago como en la de libre acceso. Los más de 15.000 espectadores que inundaron el recinto disfrutaron de una actuación de Keane llena de energía, más fuerza e impecable sonido, dentro de la nueva línea marcada por la banda tras un tercer disco que le ha hecho ganar nuevos adeptos. Chaplin ha rejuvenecido unos cuantos años con su cambio de imagen y conecta mucho mejor en directo con el público que cuando empezaron. Su aire remilgado se ha desvanecido en beneficio de un repertorio mucho más contundente. The lovers are losing fue solo el inicio de una batería de éxitos en la que no faltaron los temas más conocidos, como Everybody's changing , This is the last time o Somewhere we only know . El pianista y compositor, Tim Rice Oxley, no paró de moverse desde sus teclados, y Chaplin recorrió sin descanso las esquinas del escenario buscando las caras felices de sus seguidores hasta terminar tumbado en el suelo. El cantante, además, se adentró entre ellos a través de una pasarela para interpretar primero un par de solos a la guitarra y después varios temas contundentes como Perfect Symmetry . Chaplin no regateó esfuerzos y se le notaba muy a gusto en un espacio que no se cansó de alabar entre canción y canción. La química funcionó. El músico inglés le regaló a Castrelos piropos como espectacular, maravilloso o extraordinario. Hasta los árboles se ruborizaron orgullosos tras tanto halago.

La banda se despidió tan satisfecha como el público, pero no tardaron en regresar para ofrecer tres propinas más. Tom Chaplin se dirigió al público para decir que ahora que conocía este escenario vigués, prometía que volverían en cuanto tuvieran oportunidad. No hubo tiempos muertos, ni la típica desbandada masiva antes del final. Y aún había una sorpresa para acabar. El concierto de Keane finalizó con la versión del Under Pressure , de Queen, que dejó a los espectadores más que satisfechos con un hasta pronto.

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