Los sindicatos desconvocan la huelga en el sector ferroviario
En diciembre del 2004, cuando se montó la empresa, se hizo una inversión muy importante, principalmente en las instalaciones y en personal. Es por eso que María Domínguez explica que «se tardarán muchos años para amortizar nuestra deuda pero se prevé que dentro de seis meses Dilsea ya sea rentable».
Para «sobrevivir» la empresa cuenta con la ayuda del Fondo Europeo de Pesca (IFOP) y de varias subvenciones de la Xunta. «No es que vivamos de subvenciones en subvenciones, pero eso nos ayuda mucho», justifica la técnica.
Son esas futuras subvenciones que Dilsea espera recibir las que decidirán cuando se sacará del laboratorio los diferentes proyectos que la empresa tiene ya tiene empezados. «El destino primordial de los desperdicios de pescado son los productos técnicos; todo lo que no se puede utilizar para eso, lo transformamos en harina», puntualiza María Domínguez. «Por ejemplo - añade la técnica-, cuando llegan los restos de tiburón, separamos el cartílago de la carne. El cartílago lo utilizamos para el sulfato de condritina y la carne la mandamos para la harinera».