La esposa del presidente argentino incluyó Vigo en la gira europea que realizó en junio de 1947. Eva Duarte habló en la ciudad de justicia social y de descamisados
10 jun 2009 . Actualizado a las 11:42 h.En los años del hambre, se hizo popular en España un chiste que tenía como protagonistas el ingenio de Franco y de Perón. El dictador español necesitaba la harina argentina, pero los escasos recursos económicos le impedía comprarla abiertamente. Así pues, y aquí está el chiste, Franco le envió una mandarina a Perón. Este, tras captar el mensaje de su colega militar, le devolvió la fruta, pero abierta en cuartos. Ocurrencias aparte, Argentina fue el principal valedor de España durante los años del aislacionismo internacional y, por ello, la visita de María Eva Duarte de Perón fue celebrada por todo lo alto por las autoridades españolas.
Evita Perón incluyó Vigo en su itinerario peninsular. A la ciudad llegó el 19 de junio de 1947. Tras descansar brevemente en el Pazo de Castrelos, la esposa del presidente argentino acudió a Marín para presidir la ceremonia de jura de bandera de los cadetes de la Escuela Naval Militar. Ya por la tarde regresó a Vigo donde se le preparó un acto muy popular. Primero visitó la Casa del Pescador, adonde acudió acompañada por el delegado nacional de sindicatos, el almirante Marqués de Valterra, que también ejercía de director del Instituto Social de la Marina.
A continuación, Evita Perón fue trasladada al Berbés, donde se congregaron «60.000 productores de toda Galicia». El acto comenzó con el discurso de un pescador llamado José Costa Alonso, quien pidió a la primera dama argentina que protegiese a los pescadores gallegos que faenaban en el país austral. Posteriormente, el Marqués de Valterra calificó a la ilustre visitante de «delicadeza femenina que con razón se os llamó en la Argentina la Dama de la Esperanza». No debió de quedar muy satisfecho con la expresión que todavía llamó a la primera dama «hada de las realidades».
Descamisados y camisados
Dicen las crónicas que Eva Duarte de Perón pronunció un discurso «breve, vibrante y henchido de emoción». Dijo que Perón había enarbolado dos banderas: la de la justicia social y la de la reducción de los muy ricos y los muy pobres, para añadir que acudía a España representando a los descamisados. No se relata en las crónicas cómo sentaría la expresión en un país donde tanto peso tenían las camisas de la Falange. En cualquier caso, abogó por una mejor distribución de la riqueza, lo que debió de sonar a utopía en las circunstancias por las que pasaba entonces España, sumida en el hambre y en el racionamiento alimentario.
La multitud congregada en O Berbés recibió con grandes aplausos las palabras de la argentina. Entre las numerosas pancartas existentes en la zona había un enigmático mensaje: «De tal palo, tal astilla, Viva la Argentina».
Eva Duarte se dirigió nuevamente al Pazo de Castrelos para descansar y prepararse para los actos siguientes. Durante su estancia en el Quiñones de León fue visitada por Manuel Álvarez, propietario de Santa Clara, quien le hizo entrega de un jarrón finamente decorado, cuyo molde fue destruido para convertirse en una pieza única. El Concello de Vigo también le regaló un objeto de porcelana de la antigua fábrica del Buen Retiro.
A las diez de la noche, ya sin productores por compañía, Evita se trasladó al Casino donde asistió a una cena de gala a la que acudieron 72 representantes del régimen, entre los que estaba el alcalde Suárez Llanos. El Ayuntamiento había organizado, al mismo tiempo, una verbena popular en las Avenidas y un festival folclórico. Evita Perón trasnochó porque después de la cena aún acudió al baile de gala que se desarrolló en el Real Club Náutico. Una exhibición de fuegos artificiales puso fin a aquella jornada que tuvo como protagonista a una Eva Duarte que mantuvo un discurso que para los españoles se mostraba muy lejano de su cruda realidad.
La primera dama argentina durmió aquella noche en el pazo municipal Quiñones de León y, al día siguiente partió hacia Santiago de Compostela, desde donde voló hacia Zaragoza. Eva Duarte prolongó posteriormente su viaje europea, con una visita a la capital italiana.