Heredero por contagio de Mostovoi

Víctor López

VIGO

El moañés Iago Aspas idolatraba al futbolista ruso mientras ejercía de recogepelotas en Balaídos, cuando el «zar» maravillaba con su fútbol y aterrorizaba con su genio

08 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Balaídos vio el pasado sábado nacer a una estrella. En un deporte que tiende a pasar de la exaltación a la demonización como el fútbol, a Iago Aspas le ha tocado vivir ahora la etapa celestial. Su zurda, esa tendencia a caer a la banda izquierda, ese mal genio que le juega malas pasadas, recuerda con las respetuosas distancias a aquel apodado en Vigo el «zar», Alexánder Mostovoi.

Cuando la estrella rusa destilaba clase en cada balón que tocaba, Aspas lo admiraba desde la banda. Allí ejercía como recogepelotas del Celta. Otro zurdo, Canobbio, llegó a entrenar junto a él. Otro carácter díscolo, pero excepcional futbolista que el moañés también venera. De ellos ha recogido la calidad y esa capacidad para saber levantar al público de sus asientos.

La media hora de juego de Aspas ante el Alavés define de lo que es capaz. La primera falta que el árbitro no le pitó, que lo era, sirvió para demostrar que sus cables se entrecruzan fruto de esa bendita locura que lleva dentro. Hizo dos goles, pudo hacer dos más. Dio aquello que Alejandro Menéndez su técnico en estos dos últimos años en el filial, siempre dijo de él. «Es el jugador más talentoso que tengo, con muy buena visión de juego, una pierna izquierda tremenda, capacidad para generar jugadas que nadie ve, y un gran desborde». Esto podría haberlo firmado Víctor Fernández hablando sobre Mostovoi, o Fernando Vázquez si se refiriese a Canobbio.

José Luis Molina, ex coordinador de las categorías inferiores del Celta, apuntó también que si fuese argentino costaría quince millones de euros. Haciendo de Messi, como delantero centro, fue como Eusebio, un ex compañero de Guardiola -aquel que también fue recogepelotas en el Camp Nou-, le sacó el mayor partido a la calidad endiablada de este ciclón.

Pertenece a una saga en la que su hermano y su primo han pasado por la base celeste. Los tres han trabajado infinidad de horas en A Madroa. Su hermano Jonathan, ahora en Italia, dice que Aitor, que juega en las categorías inferiores del Valencia, tiene más técnica, pero se queda con la raza de Iago. Este último es el único que se ha quedado en Vigo, en el Celta. Javier Maté tuvo la culpa. Le convenció cuando una rabieta le llevó a querer irse siendo cadete. El club vigués firmó su profesionalización hace unos meses. Ahora parece que no tendrá que arrepentirse de dejar salir a otro Aspas.