La afición acudió en masa a Balaídos, que registró la mejor entrada de las dos últimas temporadas, pero se encontró con un equipo que naufraga en cualquier charco
24 may 2009 . Actualizado a las 12:24 h.En el fútbol existen componentes que varían de forma inexplicable una imagen. El Celta que convenció ante el Murcia en la primera parte tuvo como protagonistas a la mayoría de jugadores que han fracasado una y otra vez en esta temporada. También un esquema de juego que ha naufragado en repetidas ocasiones desde la llegada de Eusebio. Sin embargo, solo con la grada sacó fuerzas para ponerse 2-0 en los primeros veinte minutos de partido.
Hasta el minuto 79 de encuentro, cuando el Murcia hizo el 2-1, no había ningún motivo para desconfiar a excepción de aquello que dijo Óscar Díaz tras perder 0-1 con el Las Palmas. «Estás ganando 2-0 y no sabes que va a pasar, pero siempre pasa algo».
El Celta no supo aprovechar el factor ambiental. Con casi dieciocho mil espectadores en Balaídos -17.576 según el club vigués, no fue capaz de cerrar la pesadilla de este campeonato. Se produjo la mejor entrada de las dos últimas temporadas, duplicando la anterior marca de esta campaña que estaba en algo más ocho mil seguidores frente al Rayo Vallecano.
El celtismo cumplió su papel y actuó como el jugador número doce que se esperaba. Llevó a su equipo adelante en los momentos más comprometidos, y quizás, el punto de ayer se pueda deber a la influencia del graderío ya que sin ellos, puede que el Celta hubiese incluso perdido.
Los aficionados animaron a su equipo hasta el final. El varapalo del gol postrero del Murcia provocó una profunda decepción. Los seguidores terminaron despidiendo a sus futbolistas con una sonora pita, y no correspondieron a los jugadores que aplaudían al público desde el centro del campo.
En las puertas del vestuario un centenar de los más molestos hinchas locales gritaron a sus «mercenarios» eso de «esta camiseta no os la merecéis», y otro tipo de reprimendas que cayeron en las espaldas de unos jugadores que tienen una losa gigante que levantar.
Algunas pancartas en la grada rezaban «con collóns», y otras hablaban de la fidelidad a estos colores. Todos los estímulos fueron válidos hasta que apareció De Coz. Alguién tenía que meter la pata, y hasta el nombre del verdugo rival parece teñido de humor negro.
Mouriño, abatido
Carlos Mouriño, presidente del Celta, estuvo diez minutos sin ser capaz de levantarse de su sitio en el palco presidencial. El mandatario celeste había estado el pasado jueves en A Madroa con sus futbolistas. El discurso no había sido conciliador por lo que ayer debía pensar que le queda muy poco que decir. Siente que ha cumplido con esta plantilla teniéndola al día en sus cobros, pero eso no basta. También la afición ha cumplido con este grupo, pero ayer este bloque demostró que no cumple con nadie, ni consigo mismo.