El barrio histórico recibió millones de euros para el Plan Urban en el 1997, hace cinco años volvió se reformó su pavimento y ahora vuelve a estar patas arriba
14 may 2009 . Actualizado a las 10:22 h.El alegre gasto de dinero público ha tenido varios episodios sonados en el centro de la ciudad. Como la calle de las ostras, reformada y contrarreformada una y otra vez. Ahora la situación vuelve a ser patente. En el Casco Vello se llevó a cabo un ambicioso Plan Urban a mediados de los noventa para rehabilitar la zona histórica. Hace cinco años se llevaron a cabo obras de pavimentación que hicieron que muchas calles de la ciudad luciesen impecables. Una de ellas, Poboadores. El pavimento estaba perfecto y en la cuesta aparcaban muchos vecinos. Ahora la han levantado por completo y los residentes y visitantes tienen que franquear las puertas atravesando las pasarelas de hierro que se han colocado a la entrada de los portales. «Veño a visitar a miña irmá. Esto está fatal. O caso é que quede ben e que metan a moita xente a traballar, que fai falta», comentaba Delfina Carnero tras tocar, sin éxito, el timbre de la casa de su hermana, que se había ausentado de la vivienda cuando llegó la visita inesperada.
Felinos y feísmo
En el casco antiguo es casi imposible encontrar una plaza de aparcamiento en la calle. Las pocas que existían se han suprimido y sólo dando vueltas pueden encontrase algunos huecos para dejar el coche. Las obras han llevado aparejadas también la desaparición de los contenedores de basura. Ante esto algunos vecinos tienen que desplazarse a bastante distancia de sus domicilios. «Subo hasta arriba para evita que los gasto rompan las bolsas para comerse los restos», cuenta Amelia Fontán.
Los felinos son una especie muy presente en la zona antigua. Muchos de estos animales viven de la compasión. Su curiosidad innata les lleva a arañar las bolsas de basura. Ayer los restos de desperdicios eran patentes en muchas de las callejuelas del conjunto histórico. La impresión que dan la bolsas abandonadas es muy mala. Una de las explicaciones del abandono de basura es que bastantes residentes son personas muy mayores y los problemas de movilidad dificultan sus pasos por las empinadas cuestas, así que los vertederos se improvisan en cualquier esquina. Por suerte, el grupo de turistas que admiraba ayer la concatedral no los vio. Las zonas recoletas del barrio tienen pocos visitantes, que se limitan a recorrer las partes más comerciales. Así tampoco pueden ver algunos feos sobreañadidos de uralita que esconden buhardillas.