En un mundo como el del fútbol, donde escasean las muestras de sinceridad, una vez más Óscar Díaz dijo lo que llevaba dentro. Como si le quemasen las palabras, soltó todo su amargor por la calamitosa temporada que está realizando el Celta. El madrileño necesitaba decir en voz alta lo que la mayoría piensa pero prefiere silenciar. La derrota frente al Las Palmas ha hundido a la plantilla celeste.
«Las cosas no cambian y los resultados menos. Habrá que estar pendientes del Alavés», decía ayer por la mañana antes de conocer el empate vasco. Admitía que ahora todos están pendientes del Alavés. «La afición y nosotros estamos pendientes. Hemos intentado hacer todas las cosas posibles y el equipo pierde y se juega mal. Es todo el año igual. No sé a qué achacarlo pero esperemos que el Alavés pierda».
A una pregunta, el jugador le dedicó más de dos minutos de respuesta. Reflexionó en voz alta sobre todo aquello que les maniata. «Si hubiésemos hecho las cosas bien, hace cinco o seis jornadas que estaríamos salvados. Es un año malo, que está todo negativo. Hagas lo que hagas siempre va a pasar algo en contra. Te pongas dos o tres cero siempre pasa algo. Estoy en el campo y vas ganando 2-0 y no estás tranquilo, no sabes lo que va a pasar, pero pasa». En su disertación prosiguió denunciando que «este año es una vergüenza. Al principio decíamos que era un bache en los tres primeros partidos y que con actitud se sacaba. Ahora no es un bache, llevamos casi una vuelta. No veo solución. Queremos sacar esto adelante y no por la afición, por nosotros mismos. Creo que nadie de esta plantilla se siente bien con el trabajo que ha hecho».
El centrocampista no es capaz ni de buscar una justificación en las actuaciones arbitrales, aunque se queje de que les están perjudicando. «Puede que nos hayan quitado algunos puntos. Estamos teniendo la mala suerte de que los árbitros se equivoquen siempre en nuestra contra. No es normal que un equipo lleve doce penaltis en contra. Los errores garrafales que han tenido los árbitros son inexplicables. Es algo que se suma a lo mal que lo estamos haciendo. Cuando acabe la Liga, los 42 partidos, no podremos echarle la culpa al árbitro, la habrán tenido en cinco o seis, pero en el resto la culpa es nuestra».
El jugador entiende que lo mejor es que la temporada se termine cuanto antes con la permanencia de su equipo. «Esperemos que acabe bien el año, y con bien me refiero a no bajar a Segunda B. Si tiene que fallar el Alavés en los seis partidos que quedan, que falle. Que acabe el año y si Dios quiere que estemos en Segunda. Esto no se lo merece nadie, y menos un club como este».
Óscar Díaz considera que la diferencia de puntos en la clasificación no muestra el verdadero potencial de cada plantilla. «Si ves la plantilla del Rayo o la del Salamanca, comparándola jugador por jugador con la nuestra, no hay la diferencia abismal que muestra la tabla. Se ha juntado un año en que hagas lo que hagas no van a salir las cosas. No hay suerte. Nosotros para crear una ocasión y meter un gol tenemos que hacer maravillas. El año pasado con el Elche teníamos peor plantilla y estuvimos arriba todo el año. No sé si es un problema de actitud o de concentración».
También se refirió al hecho de que no se estén concentrando antes de los partidos a pesar de lo mucho que se juegan. «No creo que concentrarnos sirva de nada. Otros entrenadores te concentran una semana y pierdes igual. Los jugadores somos profesionales y la comida antes del partido la hacemos bien, aunque no nos concentremos. No creo que nadie se coma una pizza. El míster también ha sido jugador y sabe que es así. En el Barcelona Guardiola hace lo mismo».
Por último, se refirió a su cambio del pasado sábado en el que no saludó a Joselu en su entrada al campo. El madrileño no se acercó a saludar al juvenil a pesar de que estaba a solo unos metros según expresó para no perder tiempo. «Sabía que estaba jugando mal. Los cambios se hacen por el bien del equipo, no por joder al jugador. Sé que hubo quien preguntó si me molestó el cambio o me llevaba mal con Joselu pero salí rápido por no perder tiempo. El partido no estaba ni para perder 30 segundos», concluyó.