Tres puntos para soñar y volar. El Dépor alcanzó una victoria de oro en su camino hacia Europa, que, ahora sí, se ve más cerca. Con trece puntos de los últimos quince y solo tres jornadas para el final los coruñeses pueden hacer cábalas sobre si bastará con derrotar al Getafe, y alcanzar así los 59 puntos, o hará falta sumar frente al Sevilla y el Barcelona.
Nadie puede con un Dépor que sacó petróleo de una primera parte para olvidar, pues se disputó casi por entero en su parcela. Parecía como si el campo se inclinase sobre la portería de Aranzubia, quien vivió con el corazón en la garganta este período. Pero como el fútbol es caprichoso y hasta cruel el equipo coruñés se adelantó en el marcador. Fue en la primera de sus dos únicas ocasiones en estos 45 minutos. Filipe irrumpió por la banda, su pase cayó en la frontal, donde Verdú lo recogió, se revolvió y ante la mirada de la defensa local solo tuvo que superar a Riesgo de precisa vaselina. El balón tocó en el larguero y se alojó mansamente en la red.
El Recre acusó el golpe y se sumió en una pájara de la que salió de la manera más imprevista. La lesión de Morris propició la entrada de Javi Guerrero, el especialista en golear a los deportivistas. Él solito y el veloz Colunga devolvieron la vida a su equipo al filo del descanso. Guerrero asistió en un nuevo pase a la espalda de la defensa para que el delantero cruzase ante la salida de Aranzubia.
En realidad, el empate podía haber llegado mucho antes, pues esta jugada, con otros protagonistas, se había repetido en varias ocasiones hasta entonces, pero solo la pericia Zé Castro, la aparición milagrosa de Guardado o el desacierto rematador habían evitado el tanto. Los coruñeses se enredaron en la tela de araña que plantó su rival en el mediocampo y salvo alguna aparición de Verdú, que los escasos balones que tocó los hizo con criterio, y Pablo Álvarez, quien le encontró las cosquillas a Aitor, pareció dormido a la expectativa del Recreativo. El primer disparo de Bodipo llegó en el minuto 55, cuando pudo sentenciar si se hubiera entendido con Verdú.
Con Guardado desaparecido de la elaboración y Juan Rodríguez y Sergio espesos como nunca, tuvo que ser Filipe quien, de nuevo, librase a su equipo de un aprieto. A los tres minutos de la reanudación en una nueva cabalgada por la izquierda penetró hasta la portería de Riesgo, al que trató de elevar el balón. Pablo Álvarez, en boca de gol, remachó a la red. La defensa local volvió a pecar de pasividad.
Los deportivistas se lanzaron entonces al contragolpe. Entró Lafita por Pablo Álvarez y los coruñeses recuperaron la velocidad de crucero. Se sucedieron así sus ocasiones: Verdú pudo sentenciar en la primera carrera del aragonés por la banda; Riki, en otra indecisión de la zaga local, remató a la media vuelta cerca del poste; Guardado buscó la escuadra volcado a la derecha... Solo la velocidad devolverá a los coruñeses a Europa la próxima temporada.