Ya conocemos la apariencia de su traje. Así como Spiderman va de rojo, Batman, de negro, y Superman, de azul, la Superdelegada de Vigo va de violeta y amarillo. Así tomó posesión. El atuendo no es nuevo en el universo de los Superhéroes. El Capitán América y, sobre todo, The Phantom, conocido en España como «El hombre enmascarado», ya utilizaban estos colores. Es de agradecer, por tanto, que el personaje se mantenga fiel al universo de la Marvel.
Descubierta su indumentaria, ya sólo nos resta conocer sus poderes. Por ahora, la Superdelegada, bajo la que se oculta la secreta identidad de Lucía Molares, se ha estrenado con una difícil misión: Reunirse con los sindicatos del Metal e intentar que desistiesen de su huelga. No tuvo éxito. En buena parte, porque los guionistas, en esta primera aventura, se han pasado. Es evidente que lograr un acuerdo era del todo imposible, incluso para nuestra nueva Superheroína.
Sin embargo, el verdadero triunfo del personaje estuvo en su misma toma de posesión. Su presentación en el salón de actos del edificio de la Xunta, ante la flor y nata -es un decir- de los cargos institucionales de Vigo, fue un completo éxito. Aquí la Superdelegada derrochó simpatía, repartió besos, estrechó manos y se prodigó en sonrisas con todos. Los lectores de este nuevo cómic, surgido de la imaginación de Alberto Núñez Feijóo, mucho nos tememos que los poderes del personaje terminen aquí.
Un Superdelegado, o una Superdelegada, pueden comparecer en diversos actos sociales, celebrar intensas reuniones, hacer toda suerte de declaraciones públicas y lucir estupendos en las viñetas, pero sus funciones reales se nos escapan. Con respecto al modelo anterior, parece que la única «Superventaja» es que se ahorran algunos coches oficiales. Por el contrario, hemos de lamentar su contribución al desempleo en el sector de chóferes y aurigas en general.
Para el ciudadano de a pie, no se intuyen beneficios con las Superdelegaciones. En nuestro caso, de una parte, se unifica la interlocución entre Vigo y la Xunta. De otra, aleja la Administración del administrado, por cuanto el director de un colegio ya no podrá presentarse ante el delegado provincial de Educación. Como tampoco el presidente de los hosteleros, ante el delegado de Industria. Como, mucho menos, el de la organización benéfica, con el de Asuntos Sociales. O la Superdelegada se multiplica, lo que podría estar entre sus poderes, o será difícil llegar a ella. Lo que conlleva que el rango del interlocutor que ahora se va a encontrar todo el mundo será sensiblemente menor, y como ya ha dicho la propia Molares, «sin perfil político». Lo mejor que podemos decir del cargo, es que Vigo tendrá uno. Por primera vez, se le da a la ciudad un rango y reconocimiento. Pero las dudas son muchas con este nuevo cómic, del que, por ahora, sólo sabemos que el personaje va de violeta y amarillo.