Matemáticas, vinos y otras citas lúdicas

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

Dicen los amantes de tan peliaguda disciplina, que tiene una vertiente lúdica. De hecho, hasta una servidora, suspendedora crónica de dicha asignatura en sus años de Instituto, se convenció de la existencia de tal vertiente después de hablar con Julio Ferro, uno de los padres de la Semana Matemática que ayer abrió sus puertas en el Centro Social Caixanova.

Profesor del colegio Rosalía de Castro, empezó hace muchos años a celebrar intramuros unas jornadas de inmersión lúdica en las Matemáticas. El éxito de aquellas primeras citas le llevó, en compañía de un puñado de colegas de otros centros a externalizar la iniciativa. Lo hicieron hace cinco años y la respuesta no puede ser mejor.

Hasta el próximo día 14 pasarán por los talleres alrededor de 3.000 alumnos de Primaria y Secundaria, que se zambullirán en el mundo de los hexamantes, los pentaminós, los concursos de logamats... y otros divertimentos de nombres igual de desconocidos para los legos.

El encargado de subir oficialmente el telón de las jornadas fue Antonio Pérez, director del Centro Superior de Investigaciones de Nuevas Tecnologías para la Enseñanza. El tema que eligió para la conferencia no pudo estar más acorde con los postulados del encuentro: Matemática recreativa a lo largo de la historia. Lo dicho, haberla, hayla.

Es la distinción más alta del municipio. Estuvo de acuerdo la corporación en pleno en que se la merecen por los cien años que llevan en la villa entregadas tanto a la educación como al cuidado de ancianos y enfermos. Las primeras religiosas de la orden, tres en total, llegaron un día de enero de 1911.

Empezaron dando clase en la pequeña residencia que ocupaban a niños sin edad para ser escolarizados. La creciente demanda (apenas pasado un mes ya tenían 150 alumnos) las llevó a abrir el colegio Virgen de la Roca. Enseguida se hicieron también cargo del hospital de la caridad Sancti Spiritus, que dejó de funcionar en 1955. Con la docencia siguieron hasta este año.

Disfrutaron de él más de 300 personas y tuvo por escenario el hotel Pazo Los Escudos. Bajo el paraguas de Ponteviño, encuentro pionero entre bodegas y hosteleros auspiciado por las entidades que dirigen José Magaz y David Barco, los asistentes tuvieron oportunidad de hacer un recorrido por los sabores y los olores de productos tan variados como aceites, quesos, cervezas y, por puesto, vinos.

La teoría corrió a cargo de un invitado de lujo, el enólogo Raúl Pérez. Sí, ese que mantiene cientos de botellas de vino sumergidas bajo una batea y que ha demostrado la beneficiosa influencia que ejerce el mar en el producto. O ese que hace cada año contadísimas botellas de un vino de pecado mortal que, para no andarse con rodeos, lo bautizó así, El Pecado. Los felices mortales que lo han catado dicen que se merece indulgencia plenaria. Seguro.

Las primeras de este tenor (que se sepa) se prepararon ayer en Nigrán a propósito de la celebración del Día Europeo del Sol. Ya de puestos, los improvisados cocineros aprovecharon la placa para elaborar también palomitas.