Fiestón en el primer tiempo, velatorio en el segundo

VIGO

06 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Igual que el equipo. Eufóricos y exultantes en el primer tiempo, decepcionados, cabreados y preocupados a la conclusión del envite. Así se movieron los sentimientos de la afición del Celta, que en número superior al millar siguieron al equipo en el desplazamiento más corto de la temporada. Todos, el 95% se agolparon en la grada de la puerta 7, un fondo escorado desde donde sentir, y padecer, el celtismo.

Antes de que abrieran las puertas del estadio, los celtistas ya se dejaron ver. Con camisetas y bufandas que fueron tiñendo de celeste esperanza el territorio charro.

Fueron los visitantes los primeros en hacer ruido y dejarse notar. Le servía todo para animar la fiesta. Hasta el trío arbitral, que fue vitoreado cuando salió a hacer la rueda de calentamiento. Un poco después apareció el Celta, y Rosada y Dani Abalo se llevaron la palma.

Los prolegómenos dieron paso al éxtasis. El equipo salió entonado, marcó, tuvo ocasiones y el ambiente se disparó. Los ánimos estaban por las nubes y el gallego era el idioma oficial del Helmántico. Ahora que está en duda el decreto lingüístico, los celestes anexionaban territorios a través del idioma.

En el segundo tiempo los decibelios fueron bajando al mismo compás que el Celta desaparecía del campo. El equipo de Eusebio desapareció, y el recuncho de Balaídos en Salamanca desapareció. Los dos goles fueron dos auténticos puñales en el corazón del celtismo, que tuvo ocasión de comprobar en primera persona las licencias defensivas de su equipo también a domicilio. Fue entonces cuando los siete mil charros se dejaron oír y tan solo los más irreductibles vigueses mantuvieron el aliento hasta última hora.

Al final decepción, cabreo monumental y un pensamiento unánime. ¿A quién le va a ganar este equipo para conseguir los puntos de la permanencia?. Una interrogante añadida a otra más terrenal. ¿Cómo quedó el Alavés?, se preguntaban. Perdió y más de uno respiró aliviado.

Chaves y Santi Domínguez

El director general del club y el teniente de alcalde estuvieron en la grada, aunque no juntos, siguiendo el partido con los aficionados. Pudieron comprobar que el celtismo sigue vivo, pero también muy preocupado y hastiado. No es para menos.