Un año de arte urbano en Vigo


Alcohol y cafeína Wöyza y Valda son dos de los miembros del sello Licor Kafé, que reúne a varias generaciones de artistas vigueses cuya pasión es el hip-hop. Sombras escurridizas Sergio, Grabriel, Guillermo y Lúa son parte del grupo de breakdance Black Shadows. Algunos de ellos llevan casi una década bailando juntos. Pisando fuerte Aid, que acaba de sacar disco, comparte escenario en sus actuaciones con otras dos jóvenes promesas viguesas: Dj Liha y el b-boy Rubn. No hubo tarta, ni tuvieron que soplar velas. Aún así, La Voz celebró con algunos de los exponentes de la cultura urbana viguesa el primer año de la sección Emergentes. Muchos de ellos ya habían pasado por la sección, en la que ha tenido gran protagonismo esta rama de la cultura, quizás una de las más ignoradas. «Hay mucha gente que está haciendo cosas en todas las ramas del hip-hop pero quizás siempre salimos en la foto los mismos», dice Sax, una de grafiteras más duraderas de Vigo. Cada vez son más los que se interesan por el rap, el grafiti y el breakdance aunque siguen siendo pocos los que continúan. De hecho, todos reconocen que en Vigo siguen siendo cuatro gatos que se reúnen en torno a un par de locales. «Las cosas han cambiado mucho y por lo menos ahora ya no te miran como un bicho raro», apunta Antony, que comenzó con el grafiti y de dj cuando aún no se podía entrar en las discotecas con zapatillas y gorra. Los Black Shadows lo han comprobado en sus propias carnes, entrenando tres días por semana en un escaparate de Vigo. Últimamente la gente ya no se para, ya está acostumbrada a verles bailando breakdance allí. También han notado avances en el respeto hacia su trabajo. «Muchos se creían que porque nos gusta el hip-hop íbamos a hacerles pintadas en el baño o que eramos un grupos de vándalos», critica Aid, que junto a Sax, Dj Liha y Rubn recorrerán este verano Galicia haciendo talleres para demostrar qué es, en realidad, la cultura urbana. Nació en la calle, demostrando que para expresarse no hace falta mucho más que paciencia, música o un par de pinturas. Desde esos comienzos hace más de treinta años, esta cultura ha evolucionado mucho. «Siempre van apareciendo cosas nuevas y eso es lo bueno, quizás cuando se acabe ya no tenga tanta gracia», explica Rubén. Muchos de ellos han probado suerte en diferentes palos porque empezaron la mayoría por influencia de sus amigos. «No se me dio nunca bien lo de las palabras y aunque hice breakdance un tiempo, al final acabé dejándolo», recuerda Dj Liha. Están hartos de oír hablar del «boom» del fenómeno hip-hop. Muchos de ellos llevan años dedicándole tiempo al rap, el breakdance y el grafiti y han vivido ya cuatrocientos auges. ¿Será el definitivo?

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