«''¡Mi cara, mi cara!'', gritaba una»

E.?V. Pita

VIGO

El dueño de una óptica y su hijo, una mendiga y un policía local aliaron sus fuerzas para rescatar a las víctimas de El Capitán

01 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El dueño de la óptica de la calle Triunfo, Alberto Costas, su hijo y la indigente Nerea Augusto se convirtieron en los héroes locales del Casco Vello vigués. Los tres, junto a un agente de la Policía Local, se adentraron entre los escombros de la planta baja de El Capitán.

Alberto Costas estaba en su taller de óptica cuando oyó el «fogonazo. Sentí un bombazo de película de guerra». Él y su hijo se asomaron a la calle y vieron volar objetos arrastrados por la onda expansiva. «Salían sillas, cacharros y cuadros. Vi a los turistas holandeses tirados en el suelo», recuerda. El hombre pensó en sus amigos de El Capitán y se adentró en el local lleno de humo, seguido de su hijo, que rogaba con insistencia: «¡No entres ahí!».

En el pasillo, vieron a una mujer -Blanca, la auxiliar de cocina- «muy aturdida. La agarré y se la pasé a mi hijo para llevarla a la calle». En ese momento, entró Nerea Augusto. «Oí la explosión desde la plaza. Fui a buscar una silla dentro para sentar a la señora, que estaba muy nerviosa. Yo no tenía miedo, lo que me preocupaba era sacar a esa señora», relata ella.

Mientras, Alberto vio a otra mujer en la cocina, probablemente Margarita, la camarera. «Se levantó entre los escombros. ''Mi cara, mi cara'', gritaba. Le dije que ella no tenía sangre pero gritaba fuera de sí y le pregunté entre zarandeos por Jaime. Me contestó que él no estaba y, al salir, se desmayó», recuerda. La contable apareció en medio de las escaleras, casi ilesa.