Cannas hace un recorrido comentado por los vinos atlánticos

Soledad Antón / B. R. Sotelino soledad.anton@lavoz.es

VIGO

25 mar 2009 . Actualizado a las 02:28 h.

Y en Portugal, en Francia y hasta en el Bierzo. El recorrido, en este caso vinícola, lo realizaron ayer en el Ifevi, convocados por la Asociación Gallega de Sumilleres, una treintena de personas bajo la batuta de Xoán Cannas. En total dos horas de viaje para catar 14 caldos, entre los que no faltó un Lagavulin, considerado uno de los mejores whiskis de malta del mundo.

Si hemos de hacer caso al comentario de algún experto en la materia, estamos ante una bebida asidua en las mesas de los dioses vikingos, que sería un pecado «corromper con agua, con hielo y menos con algún refresco».

Tal vez fruto de ese áurea divina el Lagavulin se dejó para el final del trayecto, que arrancó con un fino jerezano y siguió por un Oporto blanco antes de aterrizar en los sabores gallegos. La elección de los vinos a catar la realizaron al unísono Cannas y Antonio Portela.

La cita de ayer forma parte del programa de formación que se ha propuesto impulsar la Asociación Gallega de Sumilleres que preside el vigués David Barco. Qué mejor, pues, que recurrir a él para que nos ofrezca una lección rápida sobre vinos atlánticos: «Aunque estamos hablando de muchas variedades de uva, la influencia del océano ejerce de denominador común. Son más frescos, se nota menos la potencia de sol y tienen un toque balsámico».

Es también David el que nos anuncia que la próxima semana celebrarán una cata bien singular, la de las añadas de Rías Baixas o, lo que es lo mismo, van a comprobar cómo evoluciona la uva albariña en botella con el paso del tiempo.

Una vez desterrado el dogma de que los albariños hay que beberlos del año, se trata de saber ahora cómo envejecen. Probarán un total de 18 vinos de cosechas que van desde 1996 hasta la actualidad. Es la primera vez que se organiza una cata de estas características en Galicia.

Donde no faltaron motivos para que corriera el albariño (con mesura, claro) fue en el convento redondelano de Vilavella el pasado fin de semana. Hasta cien motivos, los mismos que años cumplía Digna García López. Más de 60 familiares, entre ellos, claro, su hermana Sira con la que comparte casa, amén de sobrinos, sobrinos-nietos y hasta sobrinos bisnietos, se reunieron para celebrar tan redonda cifra.

Digna ha pasado la mayor parte de tan larga vida en su pueblo de O Viso, donde desde bien joven se dedicó a las tareas del campo, trabajo que realizó hasta cerca de los noventa. Tal vez ese es el secreto de la longevidad. Felicidades.

Lo ha elaborado la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, que preside Ignacio Buqueras. Compartí con él (y 40 personas más) un largo viaje hace unos meses y pude comprobar que no desaprovecha momento para hacer apostolado en favor de la conciliación entre familia y trabajo.

Desde aquel viaje me remite cumplida información sobre cada paso que da la asociación que preside en pos de dicha conciliación, que él prefiere llamar racionalización de tiempos.

En esa línea hay que entender los noes que nos invita a dar a las trabajadoras: «No renuncies a tu vida privada a favor de la profesional o viceversa, la casa no es un segundo trabajo, no aceptes el concepto 'mi marido ayuda en casa', no asumas sola la educación de tus hijos, aprende a decir no en el trabajo, no estamos en el siglo XX, los hijos no son un lujo sino un derecho y una responsabilidad, la conciliación no es un favor que hacen las empresas, no permitas que tu jornada laboral se incumpla y no des tu causa por perdida». Qué mujer trabajadora no firmaría el decálogo. Pues eso.

Ya contamos hace unos días, a propósito de la celebración del Día del Seminario, que las vocaciones llegan con cuentagotas. El pasado domingo asistimos a una escenificación de tal sequía. Fue en la catedral de Tui.

El obispo Diéguez Reboredo ordenó a un solo presbítero. Víctor Bargiela es el único que finalizó su formación el curso pasado. El nuevo sacerdote celebrará su primera misa el domingo en Ponteareas. Amén.