Un empresario se enfrenta al posible derribo de sus tres inmuebles en O Berbés
14 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La Gerencia de Urbanismo quiere derribar cuanto antes el edificio de O Berbés que acogió al restaurante Amura. El inmueble sufrió graves desprendimientos en diciembre del año 2007 y desde entonces está vallado. Antes del restaurante había en el bajo una cafetería y tras una costosa reforma en el local, con una inversión acumulada de 240.000 euros, el establecimiento se reconvirtió en restaurante. Pero el Concello no autorizó el cambio de actividad.
El propietario del local, José Antonio Rojo, que daba empleo a cinco familias, tuvo que trasladar su negocio y alquiló el Puesto Piloto de Alcabre. Rojo es el dueño de otros edificios en la Ribera. Tienen en propiedad el número 19, el 23 y el 25 que es donde se encontraba el restaurante Amura. Cada inmueble tiene tres plantas de altura. La superficie de cada piso es de unos 60 metros cuadrados. «Por cada edificio me ofrecieron en un primer momento 60.000 euros. Luego subieron a 80.000», cuenta José Antonio Rojo, un hostelero vapuleado por la crisis que ha visto como la clientela en el Puesto Piloto de Alcabre ha bajado a la mitad de la que registraba en sus buenos tiempos.
Rojo está agobiado por las hipotecas, que le suponen una carga de unos tres mil euros al mes. La oferta que ha recibido verbalmente del Consorcio del Casco Vello le parece muy baja. «Es una tomadura de pelo». Así que va a exigir una oferta por escrito adecuada al precio que cree que tienen los inmuebles en dicha zona. Según sus estimaciones, en cada planta podría construirse un piso nuevo por lo que abonar 80.000 euros por un edificio entero de 180 metros cuadrados construidos no cubre ni la mitad de las expectativas.
El edificio donde se asentaba el Amura, un local que tuvo entre sus clientes al presidente de la Xunta en funciones, Emilio Pérez Touriño, tiene otros dos propietarios. La dueña del primer piso y la empresa Luzada, propietaria de la planta superior. Esta empresa es propiedad de Montserrat Vieira, según José Antonio Rojo. «Dos de los tres propietarios estamos a favor de la reconstrucción el edificio manteniendo el aspecto de la fachada».
Sufrimiento
La demolición se basa, según le han contado al hostelero, en la necesidad de liberar ese espacio para construir un funicular.
A Rojo le llama la atención el hecho de que le hayan denegado ayudas para rehabilitar sus fincas, un dinero que sí le han dado a otros vecinos del Casco Vello. «Es como si yo fuera un apestado» comenta y rememora que «en uno de los cierres de campaña del PSOE caballero y Touriño estuvieron tomando unas cervezas aquí. Entonces yo le pedí una cita a Caballero y me dijo que se lo comentase a unos de los asistentes. Todavía estoy esperando».
«Es inconmensurable lo que estamos sufriendo aquí», sentencia José Antonio Rojo.