Iago Aspas será jugador del primer equipo para la próxima temporada

VIGO

Cuando el ahora defenestrado Chuti Molina lo vio sobre el césped de Melgaço, dejó para los anales aquello de «Si Iago Aspas fuera argentino, valdría 15 millones de euros». El coordinador de categorías inferiores se deshacía en elogios hacia el moañés durante la pretemporada del primer equipo en tierras lusas. Aspas apuntaba a lo más alto, pero el tiro le salió por la culata. «Me costó un poco asimilar no haber entrado después de lo bien que me habían salido las cosas. Se trajeron jugadores sin ver muy bien lo que había en casa. Me llevé un palo por que pensaba que había un sitio para mí, pero hay que tener paciencia», reflexiona ahora el menor de los Aspas. Su momento ha llegado. Iago acaba de firmar el contrato que lo convertirá en profesional la próxima temporada. No volverá a jugar con el filial. «Siempre miras un poco al futuro y estaba pendiente por que no sabía si iba a quedarme en casa o tenía que buscarme otro equipo fuera», dice. Los nervios han pasado. El ciclón de Moaña ha estampado la rúbrica en un contrato que lo une al Celta la próxima temporada, con opción a dos campañas más. «Estoy contento, desde que entré aquí con ocho años, era mi sueño y lo veo cumplido, y aunque ahora tendré que ganarme la confianza de Eusebio, está claro que el club apuesta por mí», reconoce. «Sé que Eusebio tiene un esquema definido, y que a mí, por mi posición, me benbeficiaba más el que había antes, pero estoy dispuesto a encajar donde sea para quedarme», apuntilla. A Iago le ha llegado música de otras plazas, pero su objetivo es convencer al técnico de La Seca. «Ya me habían ofrecido cosas el verano pasado y también en diciembre, pero el club me pidió que me quedara y yo estoy deseando triunfar aquí. Voy a morder por tener una de las veinticinco fichas», proclama con desparpajo. Cesión a otro Segunda El contrato de Iago es claro. Si Eusebio no cuenta con él durante la pretemporada, podría marcharse cedido. Pero, en ese caso, sería siempre a otro equipo de Segunda División y con la aprobación del jugador. «Si veo que no entro ni de veinticinco, tendría que irme por que lo que quiero es jugar, y lo haría sin ningún rencor, pero esos no son mis planes ahora mismo», mantiene este admirador confeso de Mostovoi. Al acabar la próxima campaña, el Celta deberá decidir si ejerce la opción de dos años o lo deja libre. Pese al premio, Iago no quiere levantar el pie del acelerador en el filial las jornadas que restan. «No puedo relajarme ahora por que si Eusebio luego no cuenta conmigo, ¿quién se va a fijar en mí si ando de pasota?». Lo suyo es pura raza.