Según los datos de Industria, la recesión de la construcción en Galicia está tres puntos por debajo de la media nacional. Son cifras que contrastan con la realidad que manifiestan los constructores y promotores inmobiliarios de O Baixo Miño, que coinciden en una cifra «demoledora» para el sector.
«La caída en las ventas de vivienda libre en el último año en la comarca es del noventa por ciento», confirmaban ayer. A día de hoy, añaden, «tanto la construcción como la promoción está paralizada».
Los más veteranos no recuerdan una situación similar y, por primera vez, cuelgan en promociones de la comarca reclamos en los que se recogen descuentos sin precedentes. El caso de una urbanización en Tomiño, es solo un ejemplo. La zona está salpicada de ofertas, viviendas de máximas calidades a precio de coste. El responsable de Marvil, Fernando Otero, confirmaba ayer el descuento ofertado en los cuatro chalés que conforman la urbanización. Viviendas, en una zona estratégica, con parcela y tres habitaciones que, en cualquier otro momento se los quitarían de las manos pero que llevan un año en el mercado. El temor generalizado a invertir ha obligado a bajar su precio hasta en 50.000 euros, por lo que ahora se venden a 225.000 euros.
El recelo de las entidades financieras «es un problema añadido» ya que, según sostienen varios grupos del sector, «sí hay clientes, aunque no tantos como antes».
La ofensiva de combatir la crisis con una bajada generalizada de los precios tampoco parece que sea la panacea. De hecho, se apunta como el chollo para los más acaudalados, que se aprovechan de la situación para especular. «El precio del piso no importa, la gente lo que tiene miedo es a perder el empleo», explica Elías Rebollar, responsable de Reyco, que cuenta con tres agencias inmobiliarias en A Guarda, Tomiño y Baiona. Desde su perspectiva y experiencia afirma que la incertidumbre y la inseguridad laboral es lo que frena la venta de viviendas.
En la calle, manifiesta, «hay un sentimiento de que la situación explotó porque los promotores hicieron su agosto, pero es absolutamente mentira». «Todos lo han reinvertido en suelos, los que han ganado son los que vendieron los terrenos», señala.
La caída en picado del sector ha modificado también la estampa de los municipios. En casi todos se localizan chalés que quedaron a medias, estructuras inacabadas y, muchos terrenos sobre los que hay hay proyectos licenciados que están en suspenso. Pero no todos están igual. A Guarda y Baiona son, para inmobiliarias, promotores y constructoras, «el colchón; una inversión segura». Pronostican que «estaremos cinco años sin construir a excepción de cosas puntuales en sitios concretos». Entre ellos, las localizaciones más buscadas, las de la costa, «que se recuperarán antes».
Nada que ver con el «boom» del 2000. «Fue una locura, se vendía todo lo que se hacía», recuerdan. En Tomiño, atraídos por las sinergias de un parque empresarial aún en trámite. También O Rosal despuntó, «vineron muchos ingleses e irlandeses que no buscaban playa ni sol sino paz y tranquilidad». Los bastiones: Baiona y A Guarda, que siguen siendo el mejor parapeto.
Sus principales clientes entonces y ahora, los madrileños, «que representan el 70% de las ventas, aunque también hay compradores de Bilbao, Valladolid, Salamanca, Castilla León y algo del Norte, pero nunca catalanes».
El bajón comenzó en el verano del 2007 y se agudizó un año después. «Vender un piso no es imposible, pero sí más difícil», confirman.