La «sierva de los hombres»

VIGO

13 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Vigo La tuneladora «Miñoca» avanza hacia nosotros desde Maceiras, acompañada de su gemela «Liebre», haciendo honor a su fabricante, «Herrenknecht». Desde la tónica «Schweppes», no se recuerda una marca tan onomatopéyica como la del cacharro que va pulverizando rocas por el subsuelo de Redondela: «Herrenknecht».

Para saciar mi curiosidad, he comprobado que el nombre significa algo. En holandés, sería «sierva de los hombres». Y, como aficionado a la ciencia ficción, estoy atónito ante la puesta en marcha de ese ingenio formidable, que sirve al ser humano mientras mastica montañas: «Herrrenknecht».

No quiero imaginar qué argumentos podría protagonizar nuestra tuneladora si decidiese ir por libre: «Herrenknecht 3: La venganza». En mi imaginación, veo a la máquina, antes «sierva de los hombres», horadando Vigo sin descanso, imparable, condenando a la ciudad a la absoluta demolición.

En la película, «Herrenknecht» no se detiene en Urzaiz, y prosigue dejando un rastro de destrucción. En su locura de máquina, ajena al arbitrio del ser humano, la tuneladora avanzaría triturando la Casa de las Palabras, la Colina de Castrelos, las torres de García Barbón, para terminar demoliendo el mismísimo ayuntamiento, donde el alcalde, reunido en comité de crisis, apenas tendría tiempo para exclamar: «¡Por todos los santos, ya está aquí! ¡Herrenknecht! ¡Maldita máquina!».

No me negarán que la película tendría su interés y que, en el momento final en el que la tuneladora derriba la torre del concello, muchos espectadores aplaudiríamos. Eso hacían también, en Estados Unidos, cuando en «Independence Day» el platillo volante destruía la Casa Blanca.

Por desgracia, en Vigo le han cambiado el nombre al cacharro y ahora se llama «Miñoca», que es más enxebre. Así rebautizada ya no da miedo, y tampoco podemos tener la esperanza de que su cerebro robótico enloquezca y venga a solucionarnos nuestros ancestrales problemas de urbanismo.

Por otra parte, hay que reconocer que, para acabar con los adefesios de la ciudad, tardaría su tiempo. Dicen las crónicas que las perforadoras avanzan a una velocidad de 350 metros por mes. Por curiosidad, he calculado que esta variable supone que avanza a media milésima de kilómetro por hora.

Comprendo que este último dato es una «nanocifra» difícil de asimilar. Pero yo mismo, el pasado martes, hube de ir a Coruña a resolver unos asuntos y tomé para ello el tren «R-598», la mayor modernidad disponible. Y, por momentos, tuve la sensación de ir más despacio que a media milésima de kilómetro por hora.

Confiemos en que la sierva de los hombres haga pronto su trabajo. De otra forma, la próxima vez yo vuelvo a Vigo en tuneladora: Si no es por el paisaje, voy más rápido con «¡Herrenknecht!».