Tal y como el celtismo demandaba, Borja Oubiña ya es capitán. El medio centro vigués se estrenó con el brazalete en un día aciago para su equipo, tras su cuarto partido como titular, y séptimo en el que participaba en esta temporada.
El estandarte del club tomó los galones tras modificar Pepe Murcia su decisión inicial de que Peña y Rubén fuesen sus capitanes en el campo por delante del centrocampista. La decisión se la comunicó el técnico minutos antes de saltar al césped de Balaídos, y luego la explicó en rueda de prensa. «Es un tema superfluo, aunque importante. La personalidad y el protagonismo de Peña y de Rubén no empieza ni acaba en un brazalete, ni la de Borja. Los dos han querido que Oubiña se lo ponga ya que a ellos no les importa, pero eso no quita que sigan siendo los que tengan hilo directo y el nexo de unión entre la plantilla y yo».
Por este motivo, fue Oubiña quien saltó al terreno de juego encabezando a sus compañeros, y quien participó en el sorteo de campos con el árbitro. El jugador no pudo saborear su primera capitanía con un triunfo, de ahí que al término del partido se mostrase contundente. «La capitanía no da victorias, empezando por ahí. Segundo que yo soy el tercer capitán. Se ha decidido así. No entiendo todo lo que se ha hablado estos días porque hay una persona que es la que dirige a un grupo y es la que opina, o la que manda. Esto no influye dentro del vestuario, no genera polémica. He salido con el brazalete porque ha sido una decisión del míster pero sigo siendo el tercer capitán para el grupo. Que salga con él o sin él, no cambia las cosas ni me hace sentirme especial porque lo que quiero es jugar con el Celta».
Hubo momentos en los que el jugador impuso sus galones como al mediar en la polémica entre Trashorras, Ghilas, y David Rodríguez, por el lanzamiento del penalti a favor de los celestes. «Es algo típico que todo el mundo quiera tirarlo. Al final entró, que es lo importante», comentó.
Si Oubiña se mantiene con el brazalete, en lo que resta de temporada, sería histórico ya que ningún jugador nacido en Vigo, salvo excepción puntual en algún partido, había sido capitán del Celta en las últimas décadas.