Pánico en el centro financiero vigués

El lunes 19 de enero de 1925, numerosos clientes acudieron a la sede central del Banco de Vigo para retirar sus ahorros, obligando a la entidad a suspender los pagos


A las once de la mañana del 19 de enero de 1925, el cajero del Banco de Vigo agotaba las disponibilidades del banco y se veía obligado a cerrar la ventanilla de atención al público. En pocas horas, cientos de personas se habían acercado a la central situada en la calle Policarpo Sanz para retirar el dinero de sus cuentas. Fue una situación de pánico motivada por los rumores que apuntaban a la debilidad de este banco tan arraigado en la vida económica de la ciudad. El resultado fue que muchas personas se olvidaron de su dinero durante una buena temporada.

El Banco de Vigo había sido creado, en mayo de 1900, por un grupo de empresarios conserveros que aportaron un capital social de tres millones de pesetas. Su objetivo era impulsar el comercio y la industria, y su involucración en la vida viguesa fue tal que el banco participó en las principales obras públicas que se realizaron a comienzos de siglo en la ciudad, como la construcción de la red tranviaria o la red telefónica.

Al igual que le ocurrió recientemente a muchas entidades financieras, el Banco de Vigo incurrió en muchas operaciones de riesgo que, cuando trascendieron al público, provocaron el pánico y la suspensión de pagos. Algún estudio, señala que este banco destinaba entre el 15 y el 40% de sus fondos a prestamos, y muchos de los deudores no pudieron pagar, dejando al banco al descubierto.

La Caja de Ahorros

Tras la suspensión de pagos, el banco fue intervenido judicialmente y se constituyó una junta de acreedores, que seis meses después alcanzaba un acuerdo con los accionistas del banco para desarrollar un convenio regulador de la liquidación de la entidad. La Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Vigo sería el depositario de los bienes del banco durante todo este proceso. Mientras, una comisión gestora, compuesta por accionistas y acreedores, asumió el reto de realizar el inventario de propiedades, entre las que se encontraba el edificio de la sede central, actual sede del Banco Pastor, que lo compró en 1928.

Aunque se marcó un plazo de liquidación de tres años, lo cierto es que los sucesivos litigios prolongaron el proceso hasta marzo de 1958. Sin embargo, a finales de 1929, los acreedores habían recibido el 69% de su dinero. Los accionistas lograron, en 1957, mantener el nombre del banco tras asociarse al Viñas Aranda, que se denominaría Banco de Vigo Viñas Aranda.

La quiebra del banco fue un hecho que causó gran conmoción en una ciudad que entonces estaba dirigida desde la alcaldía por Gregorio Espino. El pleno municipal aprobaba aquellos mismos días nombrar alcalde y alcaldesa honorarios de Vigo a los Reyes de España, aunque no fue por unanimidad ya que los concejales Botana, Gil, Viana y Lepina votaron en contra. El caso es que todos los ayuntamientos de España fueron animados a otorgar semejante distinción a Alfonso XIII y señora, en un acto celebrado el 23 de enero en Madrid. La representación viguesa en la municipal ceremonia estuvo encabezada por el alcalde Gregorio Espino, que acudió a la Corte acompañado por los concejales Fadrique, Blein, Portanet y García de la Riva.

Mientras tanto, en Vigo y Lavadores se realizaba una cuestación para celebrar un homenaje a alguien más querido por los ciudadanos, el doctor Corbal, conocido como el médico de los pobres por su abnegado servicio hacia sus congéneres, independientemente de su condición económica. Una calle, y una espléndida placa, recuerda su nombre y su vida en la subida al monte de A Guía.

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