Acosador se lanza sobre el hombro de Amparo Novales, una de sus jóvenes cuidadoras. Este gato está feliz y a salvo después de que el temporal se cebase sobre el refugio gatuno situado en A Madroa.
Los gatos ocupan dos galpones situados junto al espacio destinado a los perros que tienen la Protectora de Animales. Dos acacias cayeron en la madrugada del sábado sobre el tejado de uralita de uno de los refugios abriendo sendos boquetes de unos dos metros de diámetros. Asustados, y con ganas de curiosear el exterior, se escaparon.
También huyeron más de treinta perros que ocupan las instalaciones colindantes. Según relata Amparo Roger, presidenta de la Protectora, cuando llegaron al lugar, el sábado por la mañana, «había muchos perros en la puerta esperando». Habían salido del recinto y volvieron a su residencia cuando se calmó la tormenta. El lacero encontró a otros y sólo unos pocos siguen vagabundeando, aunque la presidenta de la Protectora dice que no son peligrosos.
A pocos metros de la residencia canina, dotada de un quirófano, medio centenar de gatos se acumulan en el galpón que ha quedado en pie. Los miembros del Proyecto Gato no dan abasto después de la desbandada. Aunque han recuperado a la mayoría, muchos gatos perdidos han sido encontrados en malas condiciones de salud: algunos con el rabo roto, otros con magulladuras. En las precarias instalaciones con que cuentan en A Madroa no disponen ni siquiera de servicio. «Tenemos que hacer nuestras necesidades al aire libre» confiesan Amparo Novales y Susi Abadín, voluntaria y coordinadora de Proyecto Gato, respectivamente. Esta oenegé ocupa, desde hace cuatro meses, los dos galpones que les han cedido en las instalaciones de la Protectora. El Ayuntamiento les concede una subvención de tres mil euros al mes. Con ese dinero se paga el sueldo de Susi Abadín, se da de comer a los animales, se abonan los gastos veterinarios etc. Cada día el lacero les trae nuevos ejemplares. «Muchos de ellos no son gatos abandonados ni callejeros sino que se trata de animales que han entrado en fincas de otras personas y los vecinos han llamado al lacero para que les ponga una jaula trampa».
Abadín dice que para mantener a los animales en buen estado harían falta más personas trabajando a tiempo completo y mejores instalaciones par alos felinos abandonados.