Ha llegado a Madrid la Cow Parade y lo hemos visto en todos los telediarios. Reportajes, entrevistas, crónicas, artísticas fotografías? El despliegue ha sido enorme. Al parecer, el Desfile de las vacas es un acontecimiento de dimensiones planetarias, en el que participan los mejores pintores del mundo y que aporta a las ciudades que visita un encanto inigualable.
Leo sin descanso, un día tras otro, las noticias sobre la Cow Parade y siento que en Vigo nos han puesto los cuernos.
Porque lo que en Madrid es un espectáculo sin precedentes, una cita con el arte a escala sideral, en nuestra ciudad pasó en el 2007 como una anécdota urbana.
Es, desde luego, evidente que el marco es importante. Que Madrid, Barcelona, Valencia y otras grandes ciudades españolas amplifican todo lo que en ellas se hace. Y que no importa la magnitud del evento, porque hay urbes que venden por sí solas. The Beatles, por ejemplo, podrían haber sido igual de buenos si nunca hubiesen salido de Liverpool. Su genialidad, si siempre hubiesen tocado en The Cavern, sería también indiscutible. Pero necesitaron salir a las grandes ciudades, a los grandes escenarios del mundo para triunfar.
No podemos pretender que lo que se hace en Vigo tenga la misma repercusión que en Madrid, que en París, que en Lisboa o que en Barcelona. Pero creo que podríamos hacer algo más.
Es obvio que, desde siempre, nos vendemos mal. Que Vigo no se ha dado a conocer como debiera. Y así la Cow Parade se presenta en Madrid y parece que está en España por vez primera.
Algo parecido ha sucedido con la Volvo Ocean Race. La repercusión mediática que tuvo la salida desde Alicante es para que en Vigo nos echemos a llorar.
El empeño de la organización gallega, jaleada por altos cargos de aquella Xunta de entonces, por dar relieve a Sanxenxo sobre Vigo, por confundir a todos por intereses nada claros, arruinó toda posibilidad de promoción. Además, aquí todo se hizo mal. Aún se recuerda el patético breve en el telediario de TVE, los apenas veinte segundos que ocupó la noticia el día de la partida, pese a la presencia del Rey, que siempre mueve a los medios.
Es preciso que Vigo se venda en el exterior, que proyecte su imagen. De otro modo, de poco servirá que se pasen por la ciudad todas las maravillas del mundo. Seguiremos viendo cómo la Cow Parade de Madrid se publicita como una asombrosa novedad o cómo Alicante se lleva la gloria de la regata oceánica.
Y, aquí, los vigueses, tan ricamente, viendo a los demás y sintiendo que nos han salido cuernos de plástico.