Dani Alves se confabuló con el argentino, que desquició al Atlético, marcó tres goles y se retiró ovacionado
07 ene 2009 . Actualizado a las 02:27 h.Cuatro amarillas, un golazo en contra y tres jugadores camino del diván del psicoanalista. Así acabó el Atlético de Madrid la primera parte de un partido en el que Messi encontró en Alves el socio perfecto.
Argentino y brasileño decidieron escorar a la derecha el partido desde el minuto dos -el uno lo utilizaron los locales para que Pinto también pudiera salir en la foto-. A partir de ahí, Simão, Pernía y Perea cambiaron de juego: dejaron el fútbol para dedicarse a perseguir sombras. El pelado lateral izquierdo se olvidó de hacerlo en el minuto 12 y así pudo contemplar la maravilla que construyeron entre Messi, que tiró la pared y metió el gol, y Alves, que le devolvió el pase con el tacón para dejarlo mano a mano con Coupet.
Pasada la media hora de partido, el argentino tuvo la ocasión de devolver pared y taconazo a su aliado para que el brasileño pusiera un centro medido a Keita, que disparó fuera por muy poco.
Para entonces, la banda izquierda atlética era presa ya de la locura y se había entregado a la violencia como catarsis. Como hicieran sus vecinos del Bernabéu en el clásico, los rojiblancos la emprendieron a patadas. Pernía y Sinama atizaron por partida doble a Messi y Alves en el minuto 22. Resultado: amarilla para Assunção (por aquello del color) que rectificó Iturralde en el descanso.
Juego duro y amonestaciones
En tres minutos, de 37 al 40 hubo tiempo para que Simão, Maniche y Pernía tuvieran también su tarjeta. Las amonestaciones (siete al final) no aplacaron a los locales que, jaleados por un público furioso con el árbitro, no cesaron de dejar recaditos para las tibias visitantes.
También como en el encuentro contra el Real Madrid, Messi pareció romper su sociedad con Alves para buscar como delantero centro un refugio antipatadas. Si contra los blancos el argentino se borró tras reposicionarse, ayer el cambio de ubicación con un Bojan bastante discreto se quedó en una artimaña.
Y es que los dos aliados se volvieron a encontrar al poco del regreso de los vestuarios, previo perfecto cambio de orientación de Iniesta. El lateral brasileño controló con clase y puso el centro para el remate franco de la Pulga. El disparo no llegó porque Heitinga trabó al argentino: penalti, expulsión y el segundo de Messi.
Curiosamente, o no, tratándose del Atlético, los rojiblancos despertaron con uno menos y se sirvieron de la tradicional presión adelantada de Guardiola para llegar con peligro.
El técnico culé había armado un trivote de trazo grueso en el centro, fiando a las bandas la creación y tras quedarse con diez, los locales optaron por salvar la barrera de músculo con pases largos y a la carrera. Así fabricaron el córner en el que Ujfalusi hizo su anecdótico gol.
Si alguien se acuerda del tanto será para apuntar que llegó poco antes de un nuevo jugadón de Messi, que sentó a tres rivales para disparar al larguero. Diez segundos después, Iniesta -finísimo tras su lesión- metía un pase genial al 10 que quebraba al portero para hacer su hat trick y retirarse con los aplausos de un público entregado al fútbol enorme de la Pulga.