En los oídos vigueses, las palabras «nuevo hospital» están a medio camino entre la fábula y el delirio. Es algo así como un amor platónico, un quiero y no puedo; la solución a todos los males, pero anida en el terreno de los futuribles. Hace ya tantos años que se empezó a hablar de que la saturada sanidad viguesa necesitaba una infraestructura que estuviera a la altura de las necesidades de la primera ciudad de Galicia, que cada vez que un político dice las palabras mágicas -«nuevo hospital»-, se abre la cueva de Alí Babá y se mete en el cofre de las promesas pendientes.
El Servizo Galego de Saúde acaba de iniciar una campaña para demostrar su compromiso con la sanidad de Vigo. En ella, a través de cuñas radiofónicas, resalta que el departamento que dirige María José Rubio Vidal ha hecho posible que el nuevo hospital sea una realidad... virtual. Porque el anuncio deja claro, eso sí, que la apertura del complejo de Beade está prevista para el año 2012.
Ay, marzo, marzo
No importa que aún no se hayan hecho las expropiaciones, que no se haya licitado ni contratado la obra y que no haya en Beade más que un conjunto (enorme) de fincas. El Sergas aprovecha para venderlo pronto, consciente de que en marzo los gallegos mayores de 18 años vuelven al colegio.
No en vano, el compromiso adoptado voluntariamente por el bipartito de la Xunta impide a los socios del Gobierno gallego utilizar su labor al frente de San Caetano para sacar pecho y pedir el voto a los gallegos de forma subrepticia. Es decir, durante la campaña electoral no se pueden colocar primeras piedras, cortar cintas, inaugurar carreteras, hacer publicidad de los avances sociales de cada departamento gubernamental, vender hospitales que aún no están construidos y otras cosas por el estilo.
Ayer mismo, el rifirrafe llegó al Parlamento gallego. López Chaves sostuvo que el Sergas no ha hecho nada. Cayetano Rodríguez contraatacó intentando resaltar que el proyecto que planteaba el PP era tacaño. Y Beade, donde siempre.