Los economistas leen las estadísticas de consumo eléctrico para conocer el crecimiento real del empleo y el trabajo. Si el consumo crece, Vigo va bien. Eso es lo que ha ocurrido en la última década. La prueba: continuas sobrecargas y apagones.
La alarma saltó en las Navidades de 1996 con los apagones de los días 22, 23 y 24 de diciembre, Más de 30.000 vigueses tuvieron serios problemas para hacer sus compras y celebrar la Nochebuena. Las 200.000 bombillas del alumbrado festivo consumían cinco millones de vatios. El día 30, los comerciantes se quejaron de nuevos cortes en Fragoso, As Travesas y Coia. El alcalde dijo que no toleraría más apagones pero el 9 de enero de 1997, el corte de un cable en Balaídos y la explosión del transformador de Peniche, averiado días antes, dejó sin luz a miles de ciudadanos, incluido el estadio donde se disputaba un partido de la Copa del Rey.
Ese mismo verano, la saturación del servicio eléctrico en la ciudad era evidente. Unión Fenosa advirtió que «necesitamos una gran fuente de energía en el centro de Vigo». Los directivos temían las caídas de tensión por el retraso en la construcción de la estación de Pazos de Borbén.
En invierno de 1998, la compañía eléctrica achacó tres apagones seguidos a una tormenta. Los vecinos mostraron su malestar por las constantes averías. En el 2001, las tormentas provocaron el caos en la red semafórica de Vigo durante una hora.
El pico histórico de demanda se produjo el 2 de marzo del 2005 y ascendió a 219 megavatios. Un año después, la potencia máxima consumible se situaba en 330 megavatios. Volvieron las advertencias. El récord de consumo eléctrico del año anterior dejó a Vigo al borde del apagón. La ciudad demandaba un 20% más de energía que tres años antes pero la potencia solo había crecido un 10%. Cada año había 2.500 nuevos abonados. En aquel momento, tras diez años de litigo sobre la legalidad de la subestación de Fenosa en O Castro que generaría 120 megavatios, se acordó enterrarla bajo la ladera del monte. Ese mismo verano, una avería en un transformador dejó tres horas a oscuras el concierto Para Vigo me voy en Castrelos.